La revolución rusa y las vanguardias artísticas
Dentro de una semana se celebra el centenario de la revolución rusa. Una revuelta que sacudió al mundo poniendo por primera vez a las clases bajas de la sociedad, obreros y campesinos, a los mandos de un Estado moderno. Fue una obra grandiosa que se convirtió en referencia para todos los oprimidos del mundo. El ejemplo del país de los soviets se expandió rápidamente a otros territorios. Alemania y Hungría vivieron estallidos revolucionarios que fueron aplastados por la reacción. También prendió la mecha de la rebelión en México, traspasando su influencia las fronteras europeas. La experiencia bolchevique se convirtió en guía para la emancipación en todo el planeta.
La insurrección rusa tuvo sin duda un indudable significado político, pero a menudo se olvida que la victoria de la revolución fue una época de florecimiento cultural. El suprematismo, el constructivismo, el futurismo y otras muchas vanguardias culturales y artísticas modernas se desarrollaron en Rusia al calor de la revolución triunfante. Kazimir Malevich, Vladimir Mayakovski, Konstantin Melnikov, Aleksandr Rodchenko, Liubov Popova, Sergei Eisenstein, Dziga Vertov... fueron algunos de aquellos artistas que con sus ideas transformaron la escultura, la pintura, la arquitectura, el cine o la literatura.
Pero como toda revolución, la rusa también tuvo su contrarrevolución. Ese cambio político se trasladó al campo artístico: se difuminaron las vanguardias en un estilo unificado que llamaron realismo socialista. Por desgracia, la burocracia suele estar reñida con la creatividad.

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