Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Oro»

La muerte infame en Las Indias del alférez Gorriamendi

Si te gusta la literatura de Joseph Conrad y el cine de Sam Peckinpah, esta es tu película. En las novelas del uno y en las películas del otro los personajes están predestinados a sucumbir, a morir matando, porque son vestigios de tiempos pasados en los que los hombres duros combatían cara a cara. La soldada que se adentra en la selva amazónica en “Oro” , al desertar del Imperio de Carlos I entra en una huida hacia adelante por territorio hostil similar a la que en clave de western fronterizo inmortalizó “Grupo salvaje” (1969). Y si pasamos de lo colectivo a lo individual, son claras las reminiscencias del misterioso Kurtz de “El corazón de las tinieblas” en la caracterización de Juan Diego, tal como visionó esa figura militarizada y renegada Francis Ford Coppola en “Apocalypse Now” (1979).

Pero de todos los sangrientos mercenarios que dicen luchar por su rey, independientemente de su procedencia, el que mejor personifica la traición a los códigos de honor a cambio de un botín que, además de la riqueza asociada al preciado metal del título, incluye a las mujeres, tanto a las indígenas como también a la del capitán al mando, es el alférez Gorriamendi. Para hacerse con esta antológica composición actoral Óscar Jaenada se ha inspirado en el tipo de samurai que Toshirô Mifune interpretaba a las ordenes de Akira Kurosawa. Su infame muerte en Las Indias resume a la perfección la locura de unas huestes genocidas que en la primera mitad del siglo XVI se hicieron llamar conquistadores, evangelizando con la espada y la cruz a la población nativa. El indio Mediamano encarnado por el actor boliviano Juan Carlos Aduviri, que sirve de guía a la expedición, no deja de ser un esclavo en toda regla.

Lo siento por quienes esperaban una gesta épica acorde con el presupuesto de ocho millones de euros y la promoción de Atresmedia, ya que Agustín Díaz Yanes ha filmado una escaramuza violenta y enfangada.