«Todavía no sé dónde está mi casa musical, aún es pronto para decirlo»
Narbaiza se dio a conocer con Napoka Iria junto a Ander Mujika, dúo que dejó un preciosista legado difícil de olvidar y que ahora prolonga Miren con Mice y su primer disco homónimo. Álbum que se sitúa entre lo más cautivador del año. Del año o hasta donde alcance el pasado de cada oyente. Ocho canciones para perder la mente, cerrar los ojos y dejar que fluya la vida y la música.

Entre ambientes acústicos y eléctricos, entre una caja de ocho bombones mágicos que explotan en todo el cuerpo al morderlos, llega “Mice” un álbum en blanco y negro para no desviar la atención ni perderse entre brillos superfluos. Dolerá la escucha como cuando la felicidad supera lo posible.
Destacar algún título es tan imposible como inapropiado, pero si alguien necesita cerrar los ojos y perderse por el universo que pruebe directamente con “Biziraun”, “Laba ibaiak” o “Zertarako iraun”, las tres de un golpe. Después se mira al infinito con los ojos cerrados sobre “Ausardiarik ez” y “Argiluna”. Se regresa a la semiinconsciencia y que suenen “Ez eutsi” y “Lehenago iristeko asmoz”. Finalmente se despierta y se pulsa el play sobre “Buelteri eusten”. Se recobra la dinámica, se sale de la evanescencia, del off, y se vuelve a ser la persona que era, o casi.
Miren Narbaiza y Joseba Baleztena han creado “Mice” y desde la nada pocas cosas se pueden hacer tan sensibles e hipnóticas. Les ayuda desde la batería la inquieta Ilargi Agirre.
¿Secretos? Excelentes composiciones, letras cuidadas, entorno vocal, texturas acústicas y eléctricas y ritmos alrededor de la percepción.
Para el directo, que cabe imaginarlo con músicos y público levitando, se cuenta con Miren, Narbaiza, Joseba Baleztena, Ilargi Agirre y Fernando “Lutxo” Herrera al bajo. Con fechas próximas, habrá más, el 12 de enero actuación en Burubio de Amurrio, junto con Libe; el 24, en la Herriko de Iruñea, acústico; el 26, en el gaztetxe de Bergara, invitada Eneritz Furyak; el 1 de febrero, en Kafe Antzokia de Bilbo y el 4, acústico en Plateruena de Durango.
¿Cómo llega a la música?, ¿qué historias se atraviesan por el camino absorbente de la adolescencia?
Me llega a través de mi familia, primero con los vinilos que mi tío Josu nos ponía en casa, mucha música clásica y los cantautores vascos; el que tengo más presente es a Imanol y su “Haur kanta”, canción que versionamos en los inicios de Napoka Iria. Pero mi hermano [Beñat: Norman, Estigia, Aitor Etxebarria...] ha sido mi mayor influencia musical. Es siete años mayor que yo, me ponía Su Ta Gar, EH Sukarra, Negu Gorriak y también el “Jagged little pill” de Alanis Morissette, me lo sabía de memoria… Veíamos los videoclips de la MTV... Mi hermano me transmitió la pasión por la música, la importancia de escuchar atentamente los discos y también la experiencia de ir a ver conciertos. El primero al que fui fue a Fantômas [grupo californiano experimental, de avant-garde , noise y toques metélicos] en la Jam. Nunca me olvidaré de aquello. También en la época descubrí “Habiak”, de Anari; “The real thing”, de Faith No More; el “MTV Unplugged”, de Alice In Chains; “Little earthquakes”, de Tori Amos o “To bring you my love”, de PJ Harvey. Todos esos discos me influenciaron muchísimo e intentaba sacarlas a oído con la guitarra, luego las cantaba como por encima. Creo que ahí empecé a conectar plenamente con la música.
¿Hubo algo antes de Napoka Iria? ¿Algún proyecto de tantero juvenil?
Antes de Napoka Iria estuve en un grupo que se llamaba Loess, aunque el nombre se lo pusimos casi al final. Un buen amigo de clase, Juan, me invitó a su local de ensayo, ahí es donde Ander y yo nos conocimos. Creo que paralelamente empezamos a quedar para tocar y pasar el rato. Luego me surgió la idea de grabar mis canciones, Ander se apuntó. Y así, preparamos las canciones entre los dos, y grabamos el primer álbum en los locales de Legarre (Eibar) con Ander Barriuso. Aunque no teníamos nada previsto, diría que sí que queríamos crecer y aprender musicalmente juntos.
¿Cómo deriva a este camino más sombrío y atmosférico que el pop o el rock común? ¿El australiano Nick Cave y sus respectivas bandas y músicos en paralelo han tenido algo que ver?
A medida que te sumerges la curiosidad crece. Vas descubriendo grupos más desconocidos, buscando lo que más te toca el alma. Generalmente me gusta la música que tiene una atmósfera oscura, y que desde ahí vaya dejando que la claridad entre. Se me hace más creíble, más auténtica, me llega más. ¡No sé por qué! A Nick Cave le he descubierto hace relativamente poco, y estoy enganchadísima.
Cabe pensar que la viabilidad económica nunca fue principio de ningún punto de partida, pero se debe apostar cuando se presienten valores y voluntad.
Aunque nunca fuera el objetivo, hace ya unos años que decidí que así lo fuera. Concretamente cuando Ander y yo dejamos nuestros otros trabajos y preparamos el último disco de Napoka, “Arnasten ikasteko berriz”. No es fácil, la incertidumbre te genera ansiedad, haces planes que no sabes si saldrán ni cómo resultarán. Pero te comprometes con lo que quieres, con lo que amas.
Es Mice, ¿pero puede bailar o cantar reguetón fuera de guion o cualquier otra canción de aire festivo-farandulero?
No creo que musicalmente tire nunca por ahí, pero me encanta tocar “Fuego” de Bomba Estéreo con mis amigas o bailar el trap de Chanel. Creo que tenemos muchísimos prejuicios con otros estilos de música, que a veces, se mezclan con relaciones de poder, racismo o clasismo.
¿Nuestra escena crece lo suficiente? ¿Se siente menos «marciana» dentro de un entorno en ocasiones muy acomodado?
Nunca me he sentido muy rara. Marciana es Bjork, Diamanda Galas… A su lado soy más que correcta. Dentro de nuestra escena es verdad que hay mucha variedad, pero también hay mucha paja y, últimamente, nada me sorprende. No hay discos que diga, ‘buah, qué pasada’, que me lleguen dentro. Me parece que hay mucha tontería, muchas bandas con objetivos más que musicales, demasiada pose.
Con Joseba Baleztena, a quien admiramos desde el mismo día en el que le conocimos, le une una relación artística que viene de lejos. Produce el disco, pero ¿en qué medida por amistad, cercanía? ¿Podría delegar en alguien lejano?
En este momento de mi vida no podría delegar en alguien que no conozca lo suficiente. Necesito sentir que me van a entender bien, necesito que haya un ambiente de confianza, respeto e ilusión, motivación. En ese sentido Joseba era el idóneo por la gran amistad que nos une, pero también porque coincidimos en los gustos musicales y en el proceso creativo. Me da confianza que esté en el proyecto. Pienso que es una pasada lo que ha conseguido hacer con este disco.
Todo el álbum es coherente en envolturas y sortilegios ambientales, que el disco comienza como un canto tribal que reaparece después. El caso es que «Ausardiarik ez» abre disco descarnadamente, fuerte y vital y debe presentar a Mice, con su looper, con sus tinieblas y luces dirigiendo el camino a casa. ¿Pero cuál es su casa? ¿Dónde está?
“Ausardiarik ez” me parece que ha quedado sobresaliente. Crece y crece, despacio pero sin pausa. Va desvelándose poco a poco, jugamos con el paneo, los planos de los instrumentos, la percusión… nos dio mucho trabajo en las mezclas, pues fue de las últimas del disco y ya estábamos exhaustos. Al final fue Ibai Gogortza el que lo puso en orden y consiguió que funcionara, él es el responsable de toda la mezcla final. Tenía claro que el disco comenzaría con este tema, también por lo que significa, empiezo enfrentándome a mis miedos, dudas, pero con intención de mirar hacia dentro y con ganas de avanzar. En cuanto a dónde está mi casa aún no lo sé, es pronto para decirlo. Es algo que me preocupaba antes de entrar al estudio. Escuchando las canciones por separado me parecía que eran muy distintas entre sí. Ahora veo que son parte del todo y cada una de ellas es imprescindible.
Esta canción también apunta algunas constantes del disco: que no debe escucharse con aparatos que no ofrezcan con claridad sonido estéreo, que los altavoces estén cerca, pues se perderá el trabajo asimétrico del efecto; es decir que un instrumento, una guitarra, o su voz, o voces, vayan o viajen por diferentes lados del oído...
Aparte de dar importancia a componer unas canciones buenas también le hemos dado importancia a conseguir un buen sonido, una buena mezcla, y por lo tanto es imprescindible o, al menos ayuda, escuchar el disco en buenas condiciones, sea con un equipo decente en casa o en el coche, con auriculares buenos… que directamente desde el móvil. Aunque hoy en día no sé si tenemos la paciencia suficiente para apreciar estos detalles [Miren no puede viajar sin música en el coche, un habitáculo mágico para la escucha entre paisajes desdibujados. Le encanta el viaje con sus cedés].
El disco es un mano a mano entre usted y Baleztena. Hay que entenderse, ser flexibles..., músicos.
Así ha sido. Aunque ya tenía las canciones escritas, una vez decidido que las iba a grabar las hemos ido moldeando juntos, y Joseba ha sabido redondear cada tema. En el estudio hemos estado Ilargi Agirre y los tres, ella ha grabado las baterías en todas excepto en “Ez eutsi”, Joseba a la batería, y “Lehenago iristeko asmoz”, yo a la batería. Como lo hemos grabado en cinta, todas las tomas de batería están enteras, no hay copia pegas. Joseba ha grabado todos los bajos y teclados, también guitarras, percusión y algunos coros. Yo guitarra eléctrica y acústica, percusión y voces.

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