Beñat Zaldua
ESCENARIO POSTELECTORAL EN CATALUNYA

El día que la frustración llevó al unionismo a inventarse un nuevo país: Tabarnia

Los turrones no ayudan a digerir el 21D en el unionismo, que opta por dar coba a Tabarnia, un fantasía que une las zonas menos soberanistas de Catalunya. Los números, sin embargo, matizan la tesis unionista.

Hoy es 28 de diciembre pero esto no es una inocentada. Los turrones no han ayudado al unionismo a digerir los resultados del 21D, que volvieron a dar la mayoría absoluta al independentismo pese a la suspensión de la autonomía, el encarcelamiento de uno de sus candidatos y el exilio de otro. Ante la imposibilidad de ganar al independentismo en un país llamado Catalunya, el unionismo ha optado por inventarse uno nuevo: Tabarnia.

El invento, que suma las comarcas con mayor voto unionista de las provincias de Tarragona y Barcelona –de ahí el nombre–, se lo ha adjudicado una plataforma fantasma llamada Barcelona Is Not Catalonia, pero ha sido adoptado ya por actores de peso como la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que el martes compartió la idea en Twitter, o el diario “El País”, a cuyos editores no les tembló el pulso a la hora de llevar la fantasía a la primera plana de ayer.

Tabarnia comprende las diez comarcas más unionistas, a saber, Maresme, Vallès Oriental, Vallès Occidental, Barcelonés, Baix Llobregat, Garraf, Alt Penedès, Baix Penedès, Tarragonès y Baix Camp. Son, precisamente, las comarcas más pobladas de toda Catalunya, ya que concentran a cerca del 75% de la población de todo el Principat. El mapa separa, a grandes rasgos, la Catalunya rural y la Catalunya urbana; una división que existe desde hace siglos –la relación entre Barcelona y el territorio es una cuestión que atraviesa toda la historia de Catalunya– y que era una constante durante el pujolismo: el campo era cosa de CiU y las ciudades, del PSC. Ambos completaban la sociovergencia que se repartió el poder del país durante tres décadas.

La división, por tanto, no es nueva, ni mucho menos, si bien es cierto que, en la medida en que las posiciones se han polarizado, también se ha acentuado. Lo que antes era un nacionalismo catalán acomodado en España ahora es un independentismo que suspira por la República proclamada el 27 de octubre, y lo que antes era un federalismo ambiguo con tintes catalanistas, ahora es poco más que unionismo puro y duro. La diferencia existía ya antes, lo cual no quiere decir que el independentismo no tenga un problema en la mayoría de las grandes urbes del país.

Pero es mucho mayor el problema del unionismo fuera del entorno urbano. Basta echar un vistazo a los números para comprobarlo. Es cierto que la suma de Ciudadanos, PSC y PP gana a la suma de JxCat, ERC y la CUP en el fantasioso país de Tabarnia, pero la pugna está abierta: los partidos unionistas se quedan en el 47,9% de los votos, mientras que los independentistas llegan hasta el 41,5%. La diferencia es de apenas seis puntos. En el resto de Catalunya, sin embargo, los partidarios de la República se alzan con el 64,4% de los votos, mientras que los unionistas suman un 29,8%. La diferencia es de casi 35 puntos. El problema de un partido como Ciudadanos no es que la ley electoral dé algo más de valor a los votos de Girona, Tarragona o Lleida, sino que fuera de lo que denomina Tabarnia solo consigue un 17,6% de los votos emitidos. Difícilmente se puede aspirar a gobernar un país con esos porcentajes.

La tendencia, además, no mejora las expectativas del unionismo. El 21D, el bloque del 155 logró 280.336 votos más que en las elecciones de hace dos años. El 83% de ese nuevo voto se logró en las zonas más españolistas, por lo que la división entre las dos Catalunyas aumenta en cuanto al voto unionista. Sin embargo, la tendencia es inversa en el independentismo. Su crecimiento respecto al 27S es más modesto (96.853 votos), pero su distribución es una buena noticia para sus expectativas futuras, ya que el 74,4% del nuevo voto proviene de Tabarnia. Es decir, el independentismo creció bastante más en las zonas unionistas.

«Aquí se gestó el buen resultado del tridente», escribió desde Estremera Oriol Junqueras, en referencia a los resultados de JxSí, ERC y CUP en las grandes ciudades de las áreas metropolitanas, claves a la hora de sostener la crucial mayoría absoluta. Del mismo modo, el pobre resultado del unionismo en el territorio es lo que le condena a la oposición. El resto no son más que fábulas de un país inventado bautizado como Tabarnia.