2018/01/04

IGOR IJURRA
DIRECTOR DEL ORFEÓN PAMPLONÉS

Tras titularse en Canto en el Conservatorio Sarasate y en Dirección Coral en Musikene, y habiendo dirigido a la Coral de Etxarri y el Coro de Hombres de Iruñea, Igor Ijurra asumió la dirección del Orfeón Pamplonés en 2005, coincidiendo con una reestructuración del coro que lo ha llevado, en la última década, a un gran crecimiento en lo musical y a colaborar con directores y orquestas de proyección internacional.

«La seña de identidad de nuestros coros es el sonido de los tenores»
Mikel CHAMIZO|DONOSTIA
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Igor Ijurra comienza el año planificando la agenda de trabajo que el Orfeón Pamplonés deberá seguir en los próximos seis meses, de cara a varios conciertos con obras nuevas para el coro y una nueva invitación del director ruso Valery Gergiev, que ha invitado al Pamplonés al famoso festival Noches Blancas de San Petersburgo. 

 

¿Cómo fue para usted asumir la titularidad del Orfeón Pamplonés en 2005, con solo 32 años?

Fue una gran responsabilidad porque es un coro de los que yo denomino “institución”. Conjuntos corales como el Orfeón Donostiarra, el Orfeó Català o la Sociedad Coral de Bilbao tienen tanto peso social y una historia tan rica, que entrar a dirigir uno de ellos va más allá de lo puramente musical. Yo llevaba dirigiendo coros desde los 19 años, había labrado mi experiencia con la Coral de Etxarri, un coro de 55 personas en una población de apenas 2000 habitantes y con unas voces excelentes. Con ella ganamos concursos, colaboramos con la Orquesta de Navarra... así que ya estaba empapándome del repertorio sinfónico coral, que conocía además de cantar varios años con la Coral Andra Mari. Así que, cuando me llamaron para dirigirlo, para mí fue un paso natural.

 

Sus primeros contactos con el Orfeón no fueron fáciles.

En aquel momento el coro estaba en una situación interna muy delicada. Me pidieron que los preparara para una “Sinfonía n.º 2” de Mahler y, aunque no reinaba el mejor ambiente entre las filas de los cantantes, al final fue un éxito porque me conocía muy bien la partitura. Unos meses después me propusieron coger las riendas del Orfeón y lo vi como una oportunidad, aunque al principio fue duro: era un coro en precario y muchos cantantes lo abandonaron, pero al mismo tiempo teníamos grandes retos por delante, como unos conciertos en Málaga y en Bilbao con Juanjo Mena. Aquello hizo que el grupo humano se fortaleciera y mejorara musicalmente, y desde entonces el crecimiento comenzó a ser constante.

 

¿Tuvo algo que ver el que usted fuera el primer director profesional que se ha dedicado en exclusiva al Orfeón Pamplonés?

Quizá sí, pero tanto o más importante fue que la gestión administrativa del coro comenzó a organizarse y profesionalizarse a partir de 1999, y especialmente tras mi entrada en 2005. Esa estructura permitió, por ejemplo, que el Orfeón pudiese hacer su primer viaje internacional en 2007, a México. O que pudiéramos abordar una gira con los “Carmina Burana” y La Fura del Baus, o debutar junto a Valery Gergiev y con Rafael Frühbeck de Burgos en Nueva York. La relación con estos dos directores ha sido muy importante para el crecimiento del coro. También la buena relación con la Orquesta Sinfónica de Navarra, con Juanjo Mena y nuestra apuesta por participar en óperas representadas. El crecimiento fue muy rápido y aguantamos el tipo hasta 2015, el año del 150 aniversario de la creación del Orfeón. Pero luego llegó el bajón.

 

¿A qué se refiere?

Tras 2015, en el que el coro había tocado techo, debíamos de haber parado un poco la actividad, pero no lo hicimos. Teníamos aún muchos compromisos sobre la mesa y no supimos decir que no, pero lo cierto es que necesitábamos un tiempo prudencial para que el coro se recuperase del exceso de trabajo de los últimos años. A consecuencia de aquello, el coro está ahora en un estado de forma irregular, y en los últimos meses lo mismo firmamos actuaciones buenas que otras que no salen tan bien. Con los últimos conciertos junto la Orquesta Sinfónica de Euskadi, por ejemplo, no me quedé muy satisfecho. Por eso queremos bajar el ritmo y recuperar regularidad en nuestra calidad, y el primer paso en esa dirección va a ser dejar de hacer ópera representada, que nos exigía muchísimo trabajo.

 

En sus 152 años de historia el Orfeón Pamplonés ha estado formado siempre por cantantes amateur. ¿Sigue viva entre la gente la motivación para cantar en el Orfeón?

Cuando yo entré, en 2005, había mucha energía y mayor disponibilidad para todo. Esto siguió siendo así hasta 2010 o 2011, que fue cuando yo empecé a notar la crisis económica. Afectó especialmente a los jóvenes, que se empezaron a ver en una situación socio-laboral más complicada y ya no podían hacer los sacrificios de tiempo, vacaciones y permisos en el trabajo que exigen los tres ensayos semanales y los compromisos internacionales del Orfeón. Por otra parte, tenemos que competir con una oferta de ocio muy superior, que hace que no tanta gente se interese por cantar en un coro. Estamos en un momento complicado porque comprobamos que cada vez se presenta menos gente a las pruebas de ingreso y, entre quienes lo hacen, a menudo el nivel musical no es muy alto. Tenemos que replantearnos qué capacidad tenemos de ser atractivos y saber comunicar a la gente que ama cantar que, de la mano del Orfeón, podrá hacerlo junto a grandes orquestas y directores.

 

Sigue siendo un coro amateur pero ahora con una actividad prácticamente profesional. ¿Cómo se conjuga esto desde un punto de vista artístico?

Yo siempre digo que eso es un milagro, porque se trata de coros en los que las características personales y musicales de sus miembros son muy heterogéneas. Lo mismo tenemos a cantantes con el título superior de música que a otros que apenas saben leer una partitura. A algún lector le puede sorprender esto, pero es que si hiciéramos pruebas de solfeo en las pruebas de acceso, la realidad es que no entraría casi nadie. Por eso preferimos proponer ejercicios de vocalización y, si vemos que la voz es interesante, nos encargamos nosotros de formarlo en solfeo. En cualquier caso, conjugar estos desniveles de formación en los ensayos es un rompecabezas: mientras algunos se agobian porque creen que vamos demasiado rápido, otros se aburren porque les parece todo lento. Poco podemos hacer ahí, son los propios cantantes los que tienen que adaptarse a los objetivos comunes que pone la junta directiva y el director. Lo importante, para mí, es que estén motivados, que mantengan encendida la chispa por cantar.

 

¿Se ha pensado en dar el salto a un modelo semiprofesional?

Muchas veces, pero aquí se plantean dos cuestiones. Primero, que nos haría falta mucho más dinero y eso lo tendrían que abordar las instituciones, aunque en Nafarroa tenemos la mejor ley de mecenazgo del Estado: de cada 100 euros aportados se devuelven 80. Y segundo, que semiprofesionalizar el coro supondría cambiar una historia de 152 años. Hay un modelo, el que tiene el Orfeó Català, que a mí me parece muy interesante: ellos tienen 25 cantantes profesionales y unos 70 amateur, y los distribuyen o unen en función de las necesidades de los conciertos. Para un director esto supone una gran tranquilidad, porque sabes que ese grupo profesional va a estar siempre ahí y te aportará calidad y seguridad. Pero también puede generar tensiones internas entre un tipo y otro de cantantes. En cualquier caso, es una reflexión que tenemos que seguir haciéndonos, porque habrá que ver si en 5 o 10 años podemos seguir con el modelo actual, el de un coro amateur que trabaja con orquestas de primer nivel y viaja constantemente. Las circunstancias podrían cambiar.

 

¿Hay una buena identificación de la ciudad con el Orfeón Pamplonés?

Sin duda, y diría que he notado un gran cambio en los últimos años. Me han parado en la calle para decirme que nosotros llevamos el buen nombre de Iruñea y Nafarroa por el mundo. Está creciendo el orgullo por el Orfeón, que se está convirtiendo en un símbolo de la ciudad. Y también de la provincia, cuando damos conciertos en los pueblos están siempre abarrotados.

 

En Euskal Herria hay otros coros de mucha categoría. ¿Cuál es la identidad del Pamplonés entre ellos?

Siempre ha habido mucha unión entre Gipuzkoa y Nafarroa: los hombres del antiguo Orfeón Pamplonés iban a menudo a apoyar al Orfeón Donostiarra y viceversa, muchas voces del Donostiarra venían a ayudar a Iruñea. Esos apoyos siguen existiendo hoy en día, y pasa lo mismo con la Coral Andra Mari. Al final todos pertenecemos a una misma cultura musical y el movimiento orfeonístico surgió en Gipuzkoa y Nafarroa casi a la vez. El repertorio que cantamos es también prácticamente idéntico. En cuanto a lo que caracteriza a nuestros coros, siempre se ha dicho que es el sonido de los hombres, especialmente el de los tenores. Esa sería la carta de identidad del Orfeón Pamplonés, unas voces masculinas que son únicas, diferentes a las de otros lugares.

Se trata de coros con miembros muy heterogéneos. Lo mismo tenemos a cantantes con el título superior de música que a otros que apenas saben leer una partitura.

El crecimiento fue muy rápido y aguantamos el tipo hasta 2015, el año del 150 aniversario de la creación del Orfeón. Pero luego llegó el bajón.

20 AÑOS DEL CIERRE DE 'EGIN'
Ion T. BARRENA
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El 15 de julio de 1998 el juez Baltasar Garzón ordenó el cierre de 'Egin', una operación que asumió como propia el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, «¿alguien pensaba que no nos íbamos a atrever?», dijo desde Turquía.

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