Iñaki LEKUONA
Periodista

Dulce amargo

Como una caza del tesoro. Así presentó una gran superficie francesa la promoción de una conocida marca de crema de cacao, rebajando tres veces su precio y escondiendo miles de botes en los pasillos de sus supermercados. El resultado, decenas de tumultos y peleas por hacerse con un tarro de Nutella, personas trastornadas desvalijando pilas y pilas de producto rebajado como si de ello dependiera su existencia. «Es gente que vive con poco, que se pelea por una crema de cacao que no pueden ofrecer todos los días a sus hijos porque no tienen los medios», ha analizado el ministro de Agricultura Stéphane Travert. Es posible. Pero la casualidad ha hecho que estos hechos coincidan temporalmente con la aparición en las salas de cine francesas de Sugarland, documental australiano que más allá de mostrar las consecuencias del abuso del azúcar, indaga en su uso industrial. Porque cada vez más las grandes empresas agroalimentarias utilizan el azúcar no solo como aditivo para endulzar un determinado alimento, sino como poderoso conservante adictivo. Investigadores franceses han constatado que aquellos productos a los que se añade azúcar agente antibacteriano se venden en mayor cantidad que los que no lo llevan: la adicción está en nuestras venas, y encima promocionada. Parece que al final, sí que hay caza del tesoro, solo que somos nosotros las presas. Amargas.