2018/01/30

LUCA GUADAGNINO
CINEASTA

El realizador italiano cuenta cómo estuvo a punto de no realizar la exitosa «Call me by your name», cinta que está figurando en todas las listas de los grandes premios cinematográficos. Y antes de que se celebre la entrega de los Óscar, esta particular historia sobre los insondables caminos del deseo, ha llegado a las carteleras.

«Preferiría quedarme en casa cocinando antes que hacer una película»
Janina PEREZ ARIAS|BERLIN
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A Luca Guadagnino (Palermo, 1971) le enseñó a cocinar su padre. Algo impensable en un hogar del sur de Italia. Esto no lo cuenta para desviarse del tema que definitivamente le ha catapultado a la estratosfera de la cinematografía mundial, como lo es “Call me by your name”, sino para completar la información de por qué estuvo a punto de no realizar este filme.

«Hacer una película no corresponde exactamente a mi idea de una vida placentera», se sinceraba en Berlín, donde tuvo lugar este encuentro, «requiere invertir una insana cantidad de tiempo de preparación, un gran esfuerzo, y además tienes que estar rodeado de un montón de gente… Con sinceridad puedo decir que preferiría quedarme en casa cocinando antes que hacer una película». Con una risa le pone punto final, rompe con el tono serio, sin embargo la risa de Guadagnino crea la duda hacia la veracidad de sus palabras.

Laureado en “Historia y Crítica Cinematográfica”, con su quinto largometraje, basado en la novela homónima del egipcio-estadounidense André Aciman, ha logrado cautivar a heterogéneas audiencias, y a ablandar la dura pluma de los críticos más exigentes. “Call me by your name” cuenta sobre un primer amor entre Elio (Timothée Chamalet), un adolescente de 17 años, y el estudiante de posgrado Oliver (Armie Hammer), así como de los insondables caminos del deseo.

Desde que la novela de Aciman se publicara en 2007, el veterano realizador inglés James Ivory (“Howards End”, “Lo que queda del día”, “Maurice”) atesoró los derechos para una posible versión cinematográfica. Y como suele suceder en el mundo del cine, el tiempo transcurre a la velocidad del rayo, algunos proyectos ven la luz, mientras que otros se quedan en la incertidumbre del “algún día…”.

Con los años Ivory desechó su propósito de dirigir, y como admirador de los filmes del italiano (especialmente de “Io sono l’amore”, de 2009, y “A Bigger Splash”, de 2015), urdió la táctica de enamoramiento para que Guadagnino se sentara en la silla del director.

«Accedí porque pude hallar la forma de rodar esta película cerca de mi casa», concretamente en Crema (en la región de Lombardía) y sus alrededores, «y aunque no podía cocinar, al menos pude dormir en mi propia cama después de cada jornada de rodaje», revelaba.

Así fue como en la mesa de la cocina de Luca Guadagnino –también coproductor de la película–, se empezó a gestar lo que sería “Call me by your name”. Y mientras, supuestamente, se empieza a gestar una secuela, esta cinta que ha acumulado importantes reconocimientos, también opta a los premios Óscar como Mejor película, Mejor actor principal (Timothée Chamalet) y Mejor guion adaptado.

Tomando en cuenta lo poco agradable que le resulta filmar, ¿se siente satisfecho con el resultado de «Call me by your name»?

(Sonríe) Ahora que soy mayor, mi ansiedad ha disminuido considerablemente, lo cual me permite aceptar más lo que suceda. Cuando “A Bigger Splash” (protagonizada por Tilda Swinton y Ralph Fiennes) fue estrenada en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2015, ¡resultó un desastre!; en la proyección la abuchearon, aunque luego tuvo buenas críticas en varios países. En aquel momento me pregunté, ¿cómo voy a atreverme a hacer otra película, si esta la odiaron? (ríe). Por eso me propuse que con “Call me by your name” sería una experiencia más simple, y que, al menos, cuando fuera exhibida por primera vez se hiciera con una audiencia menos violenta y que los espectadores vieran la película solamente por lo que es.

Por eso la estrenamos en el Sundance Film Festival, y luego fuimos al Festival Internacional de Cine de Berlín; sentía que esos dos festivales tenían espectadores reales, que pagaban la entrada para verla, y no solamente periodistas y críticos de cine. De manera que los resultados fueron fantásticos. Estuve en la primera proyección y la reacción fue hermosa. Nadie te garantiza una buena recepción de tu trabajo, pero cuando sucede, para mí es como el aceite en el motor de la alegría de mi vida.

¿Cuál es el momento que más disfruta del proceso de realización?

Hacer una película es un proceso extenuante, y el momento que más disfruto es la edición, porque es allí donde prácticamente tengo la oportunidad de reescribir el filme. Desde hace 24 años trabajo con el mismo editor, Walter Fasano, quien es como un hermano para mí y estamos muy conectados; con él escribí “Io sono l’amore” y fue el codirector de “Bertolucci on Bertolucci” (documental de 2013); y en esta película Walter también contribuyó en el guion con James Ivory y conmigo. Por lo general le dedicamos tres años a cada proyecto, trabajando intensamente durante largos meses.

La clave en esta película son sus actores, ¿cómo se planteó la búsqueda de sus intérpretes?

Los escogí siguiendo mis deseos. Tal vez suene algo vulgar, pero decidí trabajar con esos actores porque sentí que podría tener una noche de amor con ellos, y esa atracción la sentí hacia todos, por (los protagonistas) Armie (Hammer) y Timothée (Chamalet), hasta por Vanda Capriolo, quien interpreta a Mafalda (la asistente del hogar). El director tiene que desear a sus actores porque a través de la sublimación se logra la intensidad que se ve en la pantalla. Además, con tus deseos les proporcionas a tus actores la confianza suficiente como para que se dejen llevar por sus personajes y perderse en ellos. Y creo que todo eso esta vez resultó.

¿Cómo fue el acercamiento a la historia de André Aciman?

Nos propusimos escribir un guion apartado del libro, sin tomar en cuenta el pasado. Ese fue el trabajo que nos propusimos hacer, y resultó una tarea sencilla, efervescente, muy simple, hasta conseguir el guion perfecto para hacer la película. Cuando escribes una historia, estás tan enamorado de tus destrezas literarias, que te ciega hasta al punto de llegar a pensar que eres un autor porque has escrito esa historia, lo cual no es cierto. En el cine eres un autor porque conviertes una historia escrita sobre papel, en una historia visual, y de esa manera fue como abordé el libro de Aciman.

¿Cuáles fueron sus referencias cinematográficas al rodar esta película?

En “Call me by your name” se deja ver mucho el cine francés con el que crecí y el que adoro, sin embargo mis dos guías esta vez fueron “À nos amours” (1983) de Maurice Pialat, así como “La luna” (1979) de (Bernardo) Bertolucci.

En sus películas suele explorar la perturbación, de cómo las personas se enfrentan a ciertos cambios, de cómo se exponen. ¿Es de esa manera como usted percibe la vida?

Me gusta la idea de que un chico de 17 años piense que esa es la única manera de vivir. Y de hecho es así… Sin embargo todo depende de si esa perturbación sea bienvenida o por el contrario sea tomada con reticencia, porque es precisamente la reticencia aquello que genera las fricciones y la violencia. En “Call me by your name” se aborda cómo las emociones se afrontan con franqueza, aunque sea en un ambiente bonito, idílico, bucólico, pero así lo quería, porque se trataba del florecimiento del amor por primera vez.

¿En qué medida esta película es un homenaje hacia su padre, tal como ha afirmado?

Mi padre es un hombre muy cálido, amable, es como el Samuel Perlman (el padre de Elio, interpretado por Michael Stuhlbarg) en la película. Mi padre me enseñó a cocinar, cuando por lo general en Italia esa enseñanza viene dada más que todo por la línea materna. Pero además de cocinar, mi padre me enseñó muchas cosas que por tradición provienen más bien de la figura femenina.

Amo profundamente a mi padre, y durante esta película pensé mucho en sus lecciones a través del señor Perlman. Sin embargo, en este filme las lecciones provienen tanto del padre como de la madre de una manera entrelazada

Si se tiene en cuenta que en «Io sono l’amore» también exploró el descubrimiento de la sexualidad, ¿tuvo recelos ante la posibilidad de que se encasillara al tratar nuevamente esta temática?

Eso nunca representó un problema. El punto es que esta película no es un filme de temática gay, sino de cómo los caminos del deseo te conducen a tu verdad; se trata de cómo se puede dejar que aflore tu personalidad verdadera al enfrentarte a la fuerza del deseo, sin importar cuál es el objeto del mismo. Podría ser un hombre con otro hombre, una mujer con otra mujer, o una mujer con un hombre… Eso era absolutamente irrelevante, porque lo importante era plantear que la completa fidelidad y apego hacia tus deseos es lo que conduce a descubrir tu verdadero yo. Tal vez algún día sí que haga una gran película gay, pero mientras tanto quiero hacer un gran western, una fantástica película bélica, o quizás un grandioso filme de Marvel (ríe). Quién sabe…

Cuando escribes una historia estás tan enamorado de tus destrezas literarias que te ciega hasta al punto de llegar a pensar que eres un autor porque has escrito esa historia, lo cual no es cierto.

En «Call me by your name» se aborda cómo las emociones se afrontan con franqueza, aunque sea en un ambiente bonito, idílico, bucólico.

El director tiene que desear a sus actores porque a través de la sublimación se logra la intensidad que se ve en la pantalla.