Un cálido despertar a la vida y las emociones

La nueva realización de Luca Guadagnino entra de lleno en esa tipología de filmes en los que aparentemente nada ocurre. Una rara y saludable sensación que se manifiesta gracias a que todo lo se revela en la pantalla transcurre por unos cauces cordiales, carentes de subrayados emocionales gratuitos y en los que prima la reivindicación de lo normal.
En “Call Me by Your Name” las manecillas vitales transitan sin acelerones, con medidas pausas que permiten el pleno disfrute de una serie de episodios cotidianos en los que asistimos al despertar a la vida y las emociones de un adolescente que encontrará en la presencia del joven estudiante norteamericano que irrumpió en su vida, la fuerza telúrica que explosionará en sus entrañas. Todo en el filme se asoma íntimo y preciso gracias a una rabiosa naturalidad que nace de un esquema argumental en el que el propio Guadagnino y James Ivory han sabido captar la esencia del original literario de André Aciman. Escenificada a comienzos de los 80 y en una casa de campo enraizada en el norte de Sicilia, la película recrea la relación, primero distante, que comparten un adolescente y un estudiante norteamericano que fue invitado por los padres del primero. En esa estación en la que nacen algunos de nuestros recuerdos imborrables, el verano sacudido por la brisa y el calor, topamos con un pausado relato íntimo salpicado de roces furtivos, distancias y silencios que no lo son tanto y un punto de inflexión emocional. Buena parte de que todo lo que acontece no caiga en el tópico y deduzca al espectador, además del excelente pulso dramático, se debe a la gran química que comparte la pareja protagonista –Timothée Chalamet y Armie Hammer– y el amparo que les otorga a distancia prudente los padres del adolescente enamorado del “amigo americano”, interpretados con gran acierto por Amira Casar y Michael Stuhlbarg.

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