Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El hilo invisible»

Costuras y espejos distorsionados

Se agradece que cineastas como Paul Thomas Anderson siempre apuesten por el riesgo, aún a riesgo de caer en el empeño,  a la hora de abordar historias que tienen en su progresión y metódico engranaje sus principales virtudes. Más allá de la apabullante puesta en escena que nos acerca al microcosmo del mundo de la moda de mediados del siglo pasado, lo que predomina en el conjunto es la incisiva mirada del realizador que escruta al máximo en las entrañas de unos personajes que moldea a la perfección en sus virtudes y defectos. En este juego a tres bandas de seducción, pasión, creación y perversión topamos con la radiografía de un genio de la moda cuya obsesió n creativa se torna en la berinto interno. Todo ello se traduce en el gran recital interpretativo que ejecuta un Daniel Day-Lewis que capta con precisión cada uno de los resortes que oculta su rol de Reynolds Woodcock. Las dos piezas maestras que otorgan mayor sentido al personaje central corresponden a la herman a del protagonista y la joven que irrumpe en este paisaje de dedales y agujas tendentes a ocultar mensajes cifrados en cada uno de los diseños y que se transformará en su musa y amante. Lesley Manville y Vicky Krieps encarnan a la perfección estos roles que tiene como objetivo guiarnos a través de una compleja trastienda íntima. En este paisaje humano, teñido de gelidez y distancia, se ponen de manifiesto las máscaras que el autor de “Pozos de ambición” utiliza para, desde distancia prudente, abordar en clave de tragicomedia –imposible no esbozar una sonrisa en ciertos momentos del metraje– las peripecias de un visionario que bordeará peligrosamente el precipicio de la nada a la que tanto teme.

“El hilo invisible” es un fascinante juego de espejos distorsionados elaborado mediante un sutil estilo disfrazado de diferentes géneros que jamás chocan bruscamente entre sí.