2018/02/09

Ingo Niebel
Historiador y periodista
El SPD celebra su victoria pírrica, la CDU se divide y discute

Un acuerdo sobre la Gran Coalición no significa que todos estén de acuerdo con ello. El único denominador común entre socialdemócratas y demócrata-cristianos es la discusión interna que celebran por separado. Va sobre el precio político que se ha pagado y sus consecuencias.

El acuerdo estableceque Alemania seguirácon su política deausteridad y que nohabrá más deudas.

Alemania aún está lejos de tener un gobierno estable a pesar de que pueda parecerlo. Primero, hace falta que las bases del Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz aprueben el acuerdo alcanzado anteayer. Después el Parlamento tendrá que elegir a Angela Merkel como canciller. Solo si llega a este punto se podrá empezar a medir el grado de estabilidad del nuevo ejecutivo formado por el SPD con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU). Sea como fuere, Merkel iniciaría su última legislatura, la más débil por las considerables grietas que se abren tanto en su posible socio, el SPD, como en su CDU.

El diario sensacionalista “Bild”, muy popular y por lo general cercano a la CDU, exclamó la frustración desde su primera página con un gigantesco titular puesto en grandes mayúsculas blancas, subrayadas en rojo ante un fondo negro: «¡Merkel le regala el gobierno al SPD!» y en más pequeño: «Canciller a cualquier precio».

El día después del acuerdo, el denominador común de los medios de comunicación es que la presencia del SPD en el aún hipotético ejecutivo es diametralmente opuesta a su fuerza política porque en las elecciones generales del setiembre pasado cosechó su peor resultado, el 20% de los votos. Aún así, la CDU (33%), o sea, Merkel, le cedió incluso un ministerio más, el de Hacienda.

El ministropresidente bávaro Horst Seehofer, líder de la CSU y designado ministro de Interior, aclaró ante la prensa que el SPD insistió en obtener los tres ministerios clave, el de Exterior, Trabajo y Política Social, más Hacienda porque «si no, no entraría en el Gobierno».

Habría sido otro fracaso a la hora de formar un gobierno, un ejecutivo en minoría que ni Merkel ni Seehofer querían, o incluso elecciones anticipadas, que por razones constitucionales son difíciles de lograr.

Estos factores han condicionado las negociaciones y se ven reflejados en el acuerdo. Su característica es justamente esa: dar a la cúpula del SPD unos mínimos para que sus bases la dejen formar el tercer gobierno con Merkel. Fija una política a medida de los intereses partidistas e incluso individualistas del momento, pero no responde a los retos a los que la sociedad alemana se está enfrentando.

Aunque ni el SPD ni la CDU han dado a conocer los nombres de los futuros ministros, en el partido de Merkel se ve ya cómo se empiezan a posicionar sus hipotéticas sucesoras. Por un lado, se baraja la posibilidad de que Julia Klöckner pudiera ser la futura ministra de Agricultura. Hasta el momento lidera la oposición en el estado federal de Renania del Palatinado. Para ser canciller, según la costumbre política, hace falta haber gobernado un land o haber sido ministro de un Gobierno federal, como es el caso de Merkel.

Klöckner ha optado por defender a la canciller en funciones, diciendo sobre el acuerdo que «hemos cumplido las promesas clave de nuestra campaña electoral». Por otro lado, está la ministro-presidente del País del Sarre, Annegret Kramp-Karrenbauer, que lamenta la pérdida del Ministerio de Hacienda. «Eso duele. Sin duda. Nos habría gustado mantener la cartera de Hacienda», dice. Más contundente se expresó su homólogo de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, exigiendo la renovación de la CDU.

A la Unión Joven (JU) le preocupa que Hacienda pueda ser dirigido por el socialdemócrata Olaf Scholz. Con ello repite el anticuado cliché de la derecha alemana según el cual, la socialdemocracia carece de competencia económica. Por supuesto, los representantes de la industria alemana han puesto el grito en cielo porque el acuerdo prevé también que en adelante la patronal pagará la mitad de los gastos adicionales a los medicamentos que hasta ahora corren a cargo de los y las empleados.

Otro punto de discordia es que el SPD podría destinar miles de millones de euros a Bruselas para ayudar a los demás estados miembros a través del proyectado Fondo Monetario Europeo. Merkel resta importancia a esas preocupaciones diciendo que el Bundestag va a controlar al ministro de Hacienda. De todos modos, el acuerdo establece que Alemania seguirá con su política de austeridad y que no habrá más deudas. En total invertirá 46.000 millones de euros, ayudando a las familias pero también a los municipios a la hora de modernizar escuelas o pagar los costes originados por la acogida de refugiados.

Ante este fondo, Schulz celebra que el acuerdo «lleva en gran parte la firma socialdemócrata». El mismo utiliza la Gran Coalición para despedirse a la francesa: dejaría la presidencia del SPD por el ministerio de Exteriores aunque en su día prometió que jamás entraría en ningún ejecutivo liderado por Merkel.

Con este paso, Schulz elimina al político más popular de Alemania, Sigmar Gabriel. Su correligionario ha cancelado todas sus citas oficiales, incluso su presencia en la internacionalmente importante Conferencia de Seguridad de Munich. Por primera vez, Alemania será representada solamente por la ministro de Defensa en funciones, Ursula von der Leyen (CDU). La ausencia de Gabriel va a traer consecuencias porque faltará la voz de Berlín cuando sus tradicionales aliados –EEUU e Israel– opten por políticas opuestas a la alemana. Merkel y Schulz piensan que a nivel internacional pueden seguir como hasta ahora: «Queremos seguir siendo transatlánticos y seremos más europeos» dicen en su acuerdo. Este deseo es difícil de realizar ante la política del «Primero América» de Donald Trump y el traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén.

Ante todo, Gabriel tiene que marcharse porque se opone diametralmente a la designada presidenta del SPD, Andrea Nahles. Ella, junto con Scholz, podría ser el nuevo tandem que, según Nahles, convertirá al SPD en el partido más votado en 2021. Este optimismo no lo comparte el ala izquierdista. Hilde Mattheis señala que durante las negociaciones el SPD ha bajado al 18% de las simpatías. Respecto al acuerdo dice que «con ello no se solucionan los grandes desafíos sociopolíticos, desde la división entre pobres y ricos hasta los problemas ecológicos».

El líder de los Jóvenes Socialistas (Jusos), la organización juvenil del SPD, Kevin Kühnert, recuerda que en la campaña electoral se prometió acabar con la medicina de dos clases pero que ahora «hemos llegado a una comisión que debe hacer propuestas sobre cómo desarrollar los honorarios de los médicos».

Kühnert quiere aprovechar las siete conferencias regionales, en las que Schulz pedirá el sí a la «GroKo», para que se hable de las consecuencias que ese bipartito podría tener para el SPD. De las dos anteriores experiencias su partido salió diezmado. Por eso se ha convertido en la cara visible de la iniciativa #NoGroKo. En su contra tiene ahora a Nahles, que en enero logró que al menos el 56% de los delegados permitieran a Schulz, elegido presidente con el 100% de votos en 2017, negociar otra Gran Coalición.

El cuarto mandato de Merkel, en manos de los militantes del SPD

Los 463.723 militantes del SPD deben ahora refrendar si aceptan el acuerdo de coalición. Lo harán entre el 20 de febrero y el 2 de marzo por vía postal y el resultado de la incierta votación se conocerá el 4 de marzo. El rechazo de parte del partido y las concesiones hechas por la CDU podrían arrojar un resultado muy ajustado.

El líder de las juventudes, Kevin Künhetse ha convertido en la figura opuesta a la Gran Coalición y ha lanzado una campaña de afiliación para conseguir militantes hostiles a la alianza con al derecha. En unas semanas, el SPD ha ganado 25.000 nuevos afiliados.

Si los militantes socialdemócratas votan a favor del acuerdo, Angela Merkel será elegida canciller en el Bundestag con la mayoría absoluta de los votos. El nuevo Gobierno podría entonces estar en funcionamiento en la segunda quincena de marzo, seis meses después de las elecciones legislativas. El cuarto mandato de Merkel acabaría entonces en otoño de 2021.

Si gana el «no» en el SPD, sus diputados no podrán apoyar a Merkel en el Parlamento y, sin otra alianza posible con mayoría, Alemania entraría en una situación política y complicada.

El presidente, Frank-Walter Steinmeier debe proponer un candidato a la cancillería, probablemente Merkel. Si fracasa en obtener la mayoría absoluta, en los 14 días siguientes podría ser elegida con una mayoría simple en una tercera votación.

Steinmeier tendrá entonces siete días para decidir si la propone para dirigir un gobierno en minoría o disuelve el Bundestag y convoca nuevas elecciones. De hecho, será la propia Merkel la que decidirá qué escenario prefiere. La canciller ha prometido que no gobernará sin una mayoría clara, por lo que la disolución y los nuevos comicios aparecen como la opción mas probable. Se celebrarían en los 60 días siguientes.GARA