Venganza y miseria política
En literatura, la venganza ocupa un lugar especial en las pasiones y deseos humanos. Sófocles la inmortalizó en Electra y Shakespeare en Hamlet. Pablo Neruda en la obra Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta, dedicada al legendario personaje latinoamericano, la presenta como un destino triste y heroico. «Venganza de hierro,/ de llama y piedra», escribió. Sin embargo, en la vida cotidiana, la venganza oculta un sentimiento oscuro, muy sinuoso y difícil de describir. Y si para más inri domina y se esconde en actuaciones políticas, entonces hablamos de miseria política. La lucha, durante 370 días, de las trabajadoras de las residencias de Bizkaia demostró que la huelga continúa siendo un instrumento de lucha válido y necesario para la clase trabajadora y por tanto peligroso para la patronal. Ante esa evidencia los hilos de las fuerzas empresariales suelen moverse con rapidez y también con una táctica canallesca muy habitual en la venganza política. No es extraño, pues, que la Diputación de Bizkaia, titular de las residencias, intente cuestionar, ante la opinión pública, la acción sindical y la solidaridad obrera, ensombreciendo las cuentas de ELA y en concreto las de la caja de resistencia. En este caso, la venganza es tan burda y torpe que se ve por todas partes. A su autor, el señor Diputado General, le falta talento y le sobra mucha miseria neoliberal.

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