2018/02/10

Vivir el momento a la voz de «hakuna matata»
Mikel INSAUSTI
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Hay películas en las que la crítica cinematográfica está de más, porque su valor testimonial las sitúa muy por encima de lo que pueda ser un análisis supuestamente objetivo. En el caso de “Et les mistrals gagnants” el factor emocional lo es todo, pues la impresión del espectador variará según el grado de identificación personal con las vivencias mostradas en la pantalla. A los padres y madres siempre les va a llegar más, y no digamos a quienes han tenido que pasar por el trance del hijo o la hija con una patología grave desde su más tierna infancia. La periodista Anne-Dauphine Julliand hubo de enfrentarse a la pérdida de su hija pequeña, víctima de una enfermedad degenerativa incurable. Para poder asimilar tan dura experiencia usó como terapia la escritura de los libros “Llenaré tus días de vida” y “Un día especial”. Un paso tan doloroso como necesario para rodar su ópera prima en el cine, protagonizada por cinco niños y niñas obligados a convivir con dolencias raras y un diagnóstico médico desfavorable.

Ambre, Camille, Charles, Imad y Tugdual nos ofrecen una lección de vida mediante su particular filosfía del “Carpe Diem”, que traducia al lenguaje infantil encuentra su mantra en la voz “hakuna matata”. Sus testimonios son demoledores, por la naturalidad con que manifiestan su relación con la muerte cercana, imposible de hallar en un adulto. Apuran cada instante al máximo, conscientes de su situación, y de que nuestro paso por este mundo forma parte de un misterioso juego al que merece la pena jugar.

Como directora Julliand deja que los cinco menores conduzcan la pelícual, limitándose a seguir sus evoluciones colocando la cámara a su altura, que es la de su mirada llena de verdad. Un acierto que se ve en parte traiciondo por una banda sonora que amortigua el impacto real en exceso, si bien el toque poético de la canción de Renaud “Mistral gagnant” funciona.