2018/02/23

DANIEL DOñA
BAILARÍN Y COREÓGRAFO

Daniel Doña (Granada, 1977) viene hoy al Teatro Victoria Eugenia de Donostia a presentar su propuesta «Habitat». Un espectáculo cargado de simbolismo y de buen hacer. Y es que él como pocos sabe aportar nuevos ingredientes a la danza en general y al flamenco en concreto. Descontextualiza los estilos con un discurso limpio y sin artificios. Y es que él junto a los de su generación son los que año tras otro ocupan con dignidad la programación de una de las citas más importantes del flamenco: El Festival de Jerez. Una cita que hoy abre sus puertas en la ciudad del vino.

«Tengo una necesidad primaria de buscar nuevos códigos»
Curro VELÁZQUEZ GAZTELU|DONOSTIA
0223_kul_flamenco

En la actualidad cada vez surgen más propuestas de danza flamenca que se dan la mano con el contemporáneo. ¿Cómo ve usted hoy en día esta escena?

Es una realidad la comunicación que hay entre los diversos lenguajes y disciplinas. A mí me parece muy positivo, porque todo lo que sume siempre es bueno para el arte. Mucha gente que está cerca de la danza contemporánea y que no conoce el flamenco, cuando van a ver compañías que trabajan en el límite entre un estilo y otro, da a conocer el flamenco para este nuevo público emergente, con lo cual se está creando un nuevo público para así tener la posibilidad de adentrarse en el flamenco. Yo siempre trabajo con un discurso más abierto y plural y al final la gente que viene a ver mis propuestas agradecen de poder disfrutar piezas que hoy en día están en desuso: Cantes de labor, corridos, etc…

¿Podríamos decir que dentro de las formas estilísticas del flamenco los bailaores y bailaoras son los que más arriesgan?

En la actualidad hay una serie de creadores que tenemos la necesidad de exponer otras visiones. No es una reacción buscada, sino una necesidad primaria de buscar nuevos códigos. Además ya está habiendo programadores que se están dando cuenta que dentro del flamenco se está creando una nueva vertiente mucho más rica y abierta y a la vez con un conocimiento profundo de la tradición flamenca. Sí es cierto que los de la danza estamos buscando siempre más allá, pero también hay cantaores y cantaoras que cada vez están arriesgando más, llegando a un público al que antes los más ortodoxos no llegaban.

Hay una generación de bailaores como usted, Marco Flores, Manuel Liñán, Olga Pericet, etc… que podríamos decir que es la generación más importante después de la de Antonio Gades, El Güito, Carmen Mora y Mario Maya. ¿Qué significa para usted pertenecer a esta generación que tanto ha aportado y está aportando al flamenco y a la danza en general?

Los artistas que has nombrado, a parte de compañeros, de haber estudiado juntos y de amigos, fundamos la Cía. “Chanta la mui” (“calla la boca” en caló). El llamar a nuestro proyecto así fue toda una declaración de intenciones. Esto es: Cállate la boca, siéntete en la butaca y déjanos desarrollar nuestra creatividad. Para nosotros fue un laboratorio de libertad absoluta. Pero nosotros, por entonces, ni tan si quiera pensamos en seguir una línea tan abierta y de investigación. Simplemente nos dejamos llevar. Eso sí, somos intérpretes y creadores curiosos y esa curiosidad es la que siempre nos ha tenido en movimiento. Además con un discurso muy elaborado. Un discurso que llega porque es auténtica verdad. Y eso creo que ha sido el sello distintivo de esta generación de bailaores.

Daniel Doña siempre está inmerso en diversas creaciones, coreografías, interpretaciones, colaboraciones. Un bailaor y bailarín, que no para de dirigir y producir. ¿En qué campo se siente más cómodo?

Bueno, hoy en día, unas de las proezas con las que estoy ahora trabajando es quitarme las etiquetas. Hacer producciones que estén fuera de todo sello evidente. Creo que así atiende a un público más amplio. Porque así atiende a más sensibilidades. Donde mejor me siento es bailando. Yo comencé bailando en las cuevas del Sacromonte granadino, con lo cual conozco bien el cante flamenco, el toque y la tradición flamenca en toda su esencia. Y sí, es cierto que después he tocado el clásico, hasta hoy en día que estoy involucrado en el contemporáneo. Pero yo necesitaba este bagaje en mi vida, ponerlas en común y así crear un lenguaje propio, un lenguaje de autor. A fin de cuentas un lenguaje que defina la Compañía de Daniel Doña. O sea, un trabajo definido con la pluralidad. Llegó un momento que ya estaba cansado de hacer espectáculos “a la carta”. De estar pendiente de a ver en qué programación podía o no entrar mi nueva producción, etcétera. Hoy en día, cerca de mi cuarto de siglo encima del escenario, hago los espectáculos que me apetece, desde la libertad y la honestidad

¿Qúe nos vamos a encontrar mañana en el Victoria Eugenia de Donostia con su propuesta «Habitat»?

“Habitat” es un espectáculo de danza que atiende a los criterios de la singularidad, de la diversidad. Un espectáculo que ha puesto orden a mi danza, en donde hay mucha simbología flamenca, pero donde también tiene lugar el clásico y el contemporáneo. Citar al Cristian Martín, colaborador habitual en mis producciones, el cual hace que la danza sea más plural. David Vázquez, al cante, Alfredo Valero con el acordeón y Jordi Vilaseca al baile.

Kukai Dantza, a parte de ser uno de los responsables de que la Cía. Daniel Doña esté hoy por Donostia, parece ser que lleva un trabajo paralelo a lo que pueden llevar ustedes, cada uno con su tradición hacia el contemporáneo. ¿No es así?

Nosotros compartimos los finalistas en los premios Max al mejor espectáculo, junto a Rocío Molina. Kukai Dantza con “Oskara” y nosotros con “Habitat”. En el 2009 ya habíamos recibido ambas compañías premios diferentes en los Max. A partir de ahí conocimos ambos nuestro trabajo. Yo me considero admirador absoluto del trabajo de Kukai Dantza y de Jon Maya. A partir de ahí nos conocimos mutuamente y es que ambos conocemos y respetamos la tradición a cual procedemos.

Somos intérpretes y creadores curiosos y esa curiosidad es la que siempre nos ha tenido en movimiento. Además con un discurso muy elaborado. Un discurso que llega porque es auténtica verdad.