Joserra Rodrigo describe emociones en «Pasión no es una palabra cualquiera»
El abogado bilbaino Joserra Rodrigo debuta en literatura musical con «Pasión no es una palabra cualquiera». Un denso libro en el que recopila textos de su blog rockandrodridband donde exporta sus querencias con una eficiencia admirable. De Dylan a Lou Reed y de este a Otis Redding, los Stones, Petty, Eels o The Byrds, siempre fino y elegante.

Solo con pasión por la música se puede escribir un libro como el que publica Joserra Rodrigo. Abogado de profesión y erudito de las raíces del rock y de aquello que lo represente de la mejor forma posible en el presente. Rodrigo es prolijo en sus reflexiones y las pasa al papel con una admirable consistencia. Pronto deja claro que Dylan le marcó en la nalga como los ganaderos tatuaban a sus reses en el viejo Oeste. Es un libro de autor, frase hecha necesaria en este caso. En ocasiones puede parecer espeso, nombres, pero es parte del relato, de las vivencias, de la excelente memoria y de la pulcritud y rigurosidad que aporta no en cada página, sino en cada frase.
Joserra Rodrigo se encuentra en Las Palmas, está de charla alrededor del libro, como ya ha sucedido en varias ocasiones previas. Su fervor musical ya le ha conducido a una tienda de segunda mano, donde ha sido feliz al localizar unos cuantos vinilo de “antojo”, entre ellos a New Riders of the Purple Sage, grupo de country rock –estilo que admira– que pegó fuerte en el inicio de los setenta.
«De Bilbao de toda la vida –dicho con el orgullo propio de un bilbaino–, nací en la calle Juan de Garay desde donde se ve Irala. En el Botxo me he criado y en él me han educado los discos y artistas que me han elegido. Nací el año y el mes en el que los Kinks llegaron al nº 1 con ‘You really got me’, 1964. Eso de alguna manera tiene que marcar».
Rodrigo relaciona en numerosas ocasiones su vida y aconteceres con aspectos de la historia musical en la que se desenvuelve. El barrio de Irala, no es un lugar cualquiera, sino San Francisco o el viejo Londres: «Con Irala la relación viene con la primera casa alquilada y la independencia. Un barrio que adoro porque pueden aparecerte tanto los Jefferson Airplane como los Kinks por sus preciosas calles en cuesta, esa mezcla de suburbio británico y de calles altas de Frisco que tiene tan irresistible», y aflora de nuevo la pasión reflejada, la connivencia entre el lugar donde pisa y su referente a miles de kilómetros.
Woodstock fue una tienda primeriza en Bilbo que se relaciona con cuándo se “hizo mayor”: «Fue en 1977, ya que ese año, aparte de fallecer mi padre bien joven, aunque yo era un niño, compré en la tienda Woodstock del hippie más ilustrado de la Villa, el Sr Bolo, dos discos por 300 pts.: el ‘Greatest hits’, de Bob Dylan, sin portada y el ‘Hard rain’, que, como cuento en ‘Pasion no es...’, lograron que se convirtiera el músico de Minnesota en mi padre adoptivo desde ese momento. Él me llevó y me sigue llevando a toda la música que adoro, quizás porque es un artista que ha hecho de todo y se ha atrevido a todo. Previamente, mi hermano mayor (los hermanos mayores eran básicos en nuestra educación musical) tenía la cinta del ‘Desire’ y ya me enganché a Bobby y tuve que ahorrar muchas pagas para poder comprar el lote mencionado».
De Laboa a Sam Cooke
«Lo cierto es que entre el ‘Bat/Hiru’ de Mikel Laboa, primer disco que pedí a los reyes, esos tres de Dylan, más el ´Harvest’ de Neil Young que escuchaba alucinado en casa de mi madrina, se puede decir que fueron el arranque y la raíz de mi enfermedad con el rock y los discos. Poco a poco se fue ampliando el abanico y quizá el ver ‘El último Vals’ de Scorsese, despedida de mis favoritos The Band, en un cine de arte y ensayo –después X– de Zabalburu puedo catalogarlo como la epifanía más cósmica de toda mi adolescencia».
Rodrigo recuerda como le envenenó el “Caravan” de Van Morrison y la presencia angelical de Joni Mitchell con “Coyote” y, «por supuesto, Neil Young. Todo eso ya me dio para hipotecar las pagas de un par de años».
Entre sus tiendas umbilicales (un espejismo hoy en día) Joserra Rodrigo recuerda Beethoven, explicita detalles: «Primero en Manuel Allende y luego en Askao, fue un refugio donde pasaba las tardes descubriendo el árbol troncal del rock clásico. Luego con 16 años cumplidos el ‘London calling’, el ‘The river’ de Bruce, el ‘Hautsi da anphora’ de Ruper Ordorika (todos made in 1980) me hicieron de segundo revolcón hormonal-musical. De ahí al soul, a Sam Cooke, a Otis, Aretha, a Jackie Wilson y a ese pozo inagotable de la música afroaméricana en todas sus variantes».
En cuanto a los primeros conciertos con huella el autor precisa el Bilbao de los ochenta con Eric Burdon, Joe Cocker, Leonard Cohen, Neil Young en la Casilla y el quedarse al final sin electricidad y continuar, los Kinks en Donosti, los Nacha Pop en 1982 presentando su obra maestra ‘Buena disposición’ en el Parque de Atracciones de Galdakao. «Son momentos que no se olvidan. Y el primer concierto deluxe de Dire Straits en La Plaza de Toros, del que conservo la entrada firmada por Knopfler en el Hotel Ercilla. Y también el viaje en bus organizado ida y vuelta a Vallecas por la mítica Librería Universal para ver a Bob Dylan la primera vez que venía a presentar ‘Infidels’».
El relato regresa a Dylan, ya que unos amigos le sugieren que escribe un libro sobre él y Rodrigo da parte de las claves de ‘Pasión no es palabra cualquiera’: «Sería traicionarme. Considero que este libro es más una especie de diario de rock y soul que debe abarcar mi forma de sentir, descubrir y compartir la música. Por eso tenía que ser variado y multidisciplinar en cuanto a artistas e incluir experiencias, lugares comunes, amigos, mucho Bilbao y un estilo algo exagerado por una pasión desbocada, y por eso me he tenido que autoeditar un poco porque no es lo mismo un libro que un blog. Aunque Dylan sea en canciones el Rey Sol hay muchísimos artistas a los que admiro tanto como a él».
El blog se llama rockrodriland.blogspot.com.es y, como ya adelanta, le ha dado muchas vueltas: «Sí y un proceso de dos años que ha ido cambiando. Vale que si pueda ser una recopilación de entradas del blog pero pretendía algo más; de hecho los textos no son un corta-pega. Con la idea de los obituarios, previa a que fueran ilustrados por Cayetana Álvarez [de manera espléndida], de todos los músicos favoritos que nos han dejado en los diez años de escribir en mi blog y en Exile Magazine, cambió y la muerte ha dado al libro mucha vida. La estructura, aunque si tiene cierto guion, permite perfectamente leerlo de forma salteada; eso sí, siempre escuchando la música de la que se habla para que el efecto emocional sea mayor».
«Los obituarios se basan en una especie de elegía que hacía yo en el blog cuando fallecía un artista para servidor trascendental, pero eso no significa que sean todos los que están. De hecho siento en el alma que no esté Bobby Womack, Greg Allman o Leon Russell por poner tres ejemplos».
La impresión del libro es que predomina la vía norteamericana, pero, además, queda un hueco para Ordorika. «No puedo vivir sin lo que llamo los cantes de ida y vuelta USA-UK que han marcado el devenir del rock and roll y el soul. Por lo que, aunque pueda predominar lo americano, el soul básicamente es de allí, soy muy british en gustos y muy de la escena mod. Ruper Ordorika es, aparte de artista de cabecera, amigo y claro que está en el libro».

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