Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Errementari»

Del humo de las carlistadas a la bruma de los bosques

La misma honestidad que Guillermo del Toro plasma en sus propuestas es aplicable a lo que Paul Urkijo Alijo nos ofrece en su más que prometedor debut en el formato largo. Una honestidad que nace en una infancia marcada por lo sombrío o improbable que descubrimos en nuestros primeros contactos con lo fantástico y que, con el paso del tiempo, tendemos a descifrarlo mediante diferentes herramientas. En el caso de Urkijo la cámara se transforma en el vehículo oportuno que requiere viajar a un universo propio y orquestado en torno a lo que le legó las constantes relecturas de su cuento favorito, “Patxi Errementaria”. Valiente en su arriesgada apuesta, Urkijo ha construído un cuento gótico enraizado en nuestra cultura –subrayado por la utilización de un euskara originario de Araba que cayó en el olvido– y dotando de sentido una serie de leyendas nacidas entre el humo y la neblina que se confundían en las trincheras carlistas. Visualmente poderosa, “Errementari” se sirve del eterno duelo entre demonios y humanos para dar forma a una historia que, aceptadas sus normas básicas, logra atrapar nuestro interés a través de paisajes penumbrosos, humanos codiciosos y una criatura del averno que tuvo la mala fortuna de cruzarse en la ruta errante de un herrero temible. Todo ello es visto a través de la mirada fascinada y asustada de una niña a la que le resulta difícil discenir quién es realmente el ser al que debe temer. Kandido Uranga compone una excelente caracterización del herrero que parece salido de la misma fragua de Vulcano y otro tanto puede decirse de un Eneko Sagardoy que lejos de ser sepultado por la dictadura del maquillaje, logra dotar a su demonio de una personalidad propia. Pero, quizás, quien otorga equilibrio al conjunto sea la cautivadora presencia de una precoz Uma Bracaglia que, asumido el rol de Usue, nos descubre la inocente inquietud de nuestros primeros miedos.