2018/05/17

LAURENT CANTET
CINEASTA

Desde que en 1999 recibiese el premio Nuevos Directores en Zinemaldia con «Recursos humanos», ha venido desarrollando una de las filmografías más coherentes del cine francés contemporáneo. Palma de Oro en Cannes con «La clase» (2008), acaba de estrenar «El taller de escritura» tras presentarla en el último Festival de Cine y Derechos Humanos donde fue galardonado por el conjunto de su obra.

«Más que individualistas los jóvenes de hoy son víctimas del individualismo»
Jaime IGLESIAS|MADRID
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En su nueva película, Cantet se aproxima el día a día de Antoine, un chaval de extracción proletaria que sobrevive en una ciudad del Estado francés deprimida tras el cierre de sus astilleros. Sin expectativas de futuro, el joven sueña con ingresar en el Ejército mientras frecuenta ambientes ultras en los que busca forjar su propia voz. Todo cambiará cuando se inscriba en un taller impartido por Olivia, una consagrada novelista policiaca que le obligará a encontrar espacios de creatividad compartida con otros jóvenes de su edad con los que mantiene una relación de hostilidad.

 

Sobre usted siempre ha pesado el estigma de ser un cineasta social. Sin embargo, en «El taller de escritura» hay una frase de la protagonista donde dice: «Uno no escribe ficción con la idea de poner a nadie frente a un espejo sino guiado por un para explorar, para conocer». ¿Hace suya esta declaración?

Es cierto que todas mis películas tienen una dimensión social pero eso no implica que deban ser asumidas como un tratado sociológico. A mí, como director, no me interesa articular un discurso, prefiero que este emerja de los personajes. En el caso concreto de esta película, creo que lo interesante es ver la manera en que sus protagonistas se relacionan, así como sus dificultades a la hora de conformar un grupo de trabajo provocadas, sobre todo, por sus diferencias culturales y por esa violencia que atesoran dentro de sí mismos. La ficción me permite hablar de todo eso articulando una narración sin fisuras.

¿Hasta qué punto cabe asumir esta película como una aproximación a la juventud actual?

Bueno, no sé si globalmente la película puede definirse en esos términos pero, de un modo parcial, sí. A menudo cuando converso con adolescentes me doy cuenta de que se sienten excluidos ya que nadie parece tomar en cuenta sus opiniones ni sus necesidades y eso les lleva a instalarse en una especie de letargo sin expectativas de que las cosas cambien realmente. En este sentido, mi película más que plantear un retrato en clave sociológica de la juventud actual lo que hace es profundizar en su psicología. Es cierto que esa sensación de aburrimiento siempre se ha dado entre los adolescentes pero, en el mundo actual, carecer de metas y de objetivos les convierte en una presa fácil para organizaciones extremistas de todo tipo. Cuando no tienes grandes perspectivas, resulta cautivador que llegue alguien y te diga ‘si te unes a nosotros vas a desempeñar un papel activo en la creación de un proyecto de futuro para ti y para los tuyos’.

Pero el film habla, sobre todo, de la necesidad de articular cauces de expresión y participación para esa juventud que se siente desahuciada. 

Así es. Cuando hablo con gente de entre quince y veinte años percibo la gran necesidad que tienen por comunicarse, por ser escuchados. Rodar esta película me ha servido para reafirmarme en la idea de que, al contrario de lo que se afirma, los jóvenes de hoy en día no son individualistas ni están alienados. Al contrario, son personas capaces de pensar autónomamente y de intercambiar puntos de vista. Más que individualistas los jóvenes de hoy son víctimas del individualismo. El tema está en cómo y dónde se puede crear ese escenario que les lleve a expresarse libremente y a compartir sus reflexiones. En teoría la escuela debería asumir ese papel pero a la escuela, hoy en día, se va a aprender a leer pero no a pensar. Por eso me parece interesante la labor que, en la película, desarrolla el personaje de Olivia a la hora de enfrentarse a esos chavales y estimularles para que se expresen libremente. Pero al mismo tiempo ella es alguien que encarna también la impotencia que sentimos muchos adultos al carecer de las herramientas necesarias para penetrar en ese universo tan codificado en el que se mueven muchos jóvenes.

¿Usted también ha llegado a sentir esas miradas de recelo que suscita el personaje de Olivia en Antoine al sospechar que trata de aprovecharse de él para construir un relato?

No es la primera vez que trabajo con jóvenes actores. En “La clase” ya tuve que afrontar una experiencia parecida a la que he desarrollado ahora en “El taller de escritura”. Mientras preparaba ambas películas viví procesos que me hicieron plantearme preguntas sobre mi labor como cineasta. Encontrar la respuesta a dichas preguntas me llevó a implementar una metodología de trabajo que me protege. Mis guiones siempre se basan en hipótesis que traslado a mis actores. Ellos están más cercanos a los personajes de lo que puedo estarlo yo y por eso tiendo a incorporar todas sus aportaciones al guion definitivo. A mí no me gusta ejercer de gran demiurgo, detesto asumir ese rol, ser el que mueve los hilos, prefiero facilitar la expresión de los demás. Al acabar de rodar “El taller de escritura”, algunos de los jóvenes que intervienen en la película se acercaron a mí y me dieron las gracias, me dijeron ‘esta película me ha dado la oportunidad de pensar y de hablar acerca de mi vida’.

Da la sensación de que uno de sus objetivos como cineasta es intentar comprender las razones de sus personajes, aun no compartiéndolas, como ocurre con Antoine. ¿No es arriesgado elegir como protagonista a un personaje con el que resulta tan difícil empatizar?

Puede ser pero es que a mí no me gusta juzgar a mis personajes, prefiero acompañarles en la elección de un determinado itinerario para intentar entender las razones que les llevan a tomar un camino y no otro. Muchos de los comportamientos y de las actitudes de Antoine resultan inasumibles pero al mismo tiempo se trata de alguien cuya profunda humanidad nos conmueve. Creo que esa dualidad que desprende el personaje debe mucho al excepcional trabajo de Matthieu Lucci, más teniendo en cuenta que se trata de un actor sin experiencia previa. Mientras rodábamos me acuerdo que me dijo: ‘este personaje es un gilipollas pero cada vez le quiero más y eso me hace sentir culpable’. Aquella frase me hizo comprender que íbamos en buena dirección.

Antes hablaba de la necesidad de crear cauces de expresión para el desarrollo de una conciencia crítica. ¿Cree que la cultura es una herramienta poderosa en este sentido?

Lo que está claro es que la única manera de resolver los focos de tensión social que actualmente soportamos es a través de la cultura y de la confrontación de ideas. Es así como se aprende a pensar y a desarrollar el intelecto porque la inteligencia si no es alentada gira en vacío. En mi película el objetivo de Olivia es crear un diálogo entre todos esos jóvenes tomando la creación literaria como excusa. Puede que se trate de una utopía pero es la única solución que está en su mano a la hora de generar esos cauces de participación.

Hay un momento en que Olivia dice a sus alumnos: «No todo lo que contamos tiene porqué representarnos». ¿Es algo que usted siente como cineasta?

Sí, pero tengo la sensación de que mis largometrajes no ofrecen respuestas al espectador sino que, más bien, plantean preguntas. Obviamente tengo una manera de ver el mundo que está presente en mis películas pero estas no representan tanto una toma de posición respecto a determinadas cuestiones como una invitación al diálogo.

¿La película ha generado debate en el Estado francés?

Sí, y es una de las cosas de las que me siento más orgulloso. Antes del estreno oficial, realizamos algunos preestrenos en diversas ciudades y la gente que asistió a los mismos no quería abandonar la sala sin participar en el coloquio que hacíamos tras la proyección. Era como si sintieran la necesidad de seguir juntos, de que la película continuase con ellos de protagonistas. Entre las reacciones que más me emocionaron estuvo la de una chica de unos quince años que me dijo que había cosas en la película que le recordaban la novela “El extranjero” de Camus. Un comentario que demuestra que esa imagen tan extendida de los adolescentes como seres idiotas, carentes de cultura y de inquietudes, es rotundamente falsa.

Mis guiones se basan en hipótesis que traslado a mis actores. Ellos están más cercanos a los personajes de lo que puedo estarlo yo y por eso tiendo a incorporar todas sus aportaciones.

El tema está en cómo y dónde crear ese escenario que les lleve a expresarse libremente. La escuela debería asumir ese papel pero a la escuela se va a aprender a leer no a pensar.

Obviamente tengo una manera de ver el mundo que está presente en mis películas pero estas no representan tanto una toma de posición como una invitación al diálogo.

Lo que está claro es que el único modo de resolver los focos de tensión social que actualmente soportamos es a través de la cultura y de la confrontación de ideas.