Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El taller de escritura»

La delgada línea entre lo real y la ficción

Excelente reflexión en torno al proceso creativo a través del cual Laurent Cantet sigue explorando las posibilidades de un discurso muy apegado a lo cercano y en su empeño por sacar el mayor rédito a la riqueza de lo cotidiano y de quienes lo habitan. Cercano, incisivo, tierno y despiadado en su afán por perfilar lo real desde la ficción, el autor de “La clase” se ha sacado de la chistera otra película coherente y afilada en la que asistimos a las vivencias compartidas de un grupo de jóvenes señalados por sus pobres resultados académicos y que participan en un taller de escritura de novela policíaca que imparte una prestigiosa autora experimentada en este género. Cantet toma como excusa esta reunión para indagar en los males de una sociedad a través de la elaboración de una novela policíaca que es realizada por los integrantes de este taller. De esta forma, plasmar en papel una trama se transforma en la herramienta perfecta para hacer saltar por los aires cualquier tipo de barrera social o ideológica. Todo ello se escenifica en una pequeña localidad portuaria sacudida por el sol y, de esta forma, el escenario se convierte en un personaje más espoleado por ese tipo de calores que es capaz de hacer brotar la violencia más desmedida. De ello también se habla en “El taller de escritura”, de los demonios de la violencia que se ocultan en el interior de uno de los jóvenes participantes de este taller en el que la ficción y lo real corren el riesgo de chocar frontalmente.

Siempre a distancia prudente, la cámara capta sin prisa cada una de las reacciones que se dan cita en torno a las experiencias que comparten los estudiantes. La excelente elección de un reparto que ha sabido dotar de un variado registro a sus personajes y un discurso que se aleja de la pedantería que se suele instalar en este tipo de filmes que orbitan en torno a la literatura, figuran entre los elementos más reseñables de este retrato social sincero y sencillo.