2018/06/18

JEXUXMARI ZALAKAIN
PERIODISTA

Escritor, periodista y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV-EHU, Jexuxmari Zalakain ha sido el último responsable de redacción de ‘‘Herria 2000 Eliza’’, que con su número 268 deja de publicarse después de cuatro décadas. Toda una proeza para una humilde publicación.

«Hemos dicho que termina la revista pero no nuestros compromisos»
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Cuarenta años de trayectoria y 268 números dan para mucho, ¿cómo valoran estas cuatro décadas?

Mucho más allá de décadas de sufrimiento, además, han sido décadas de empoderamiento, de conciencia nacional, de movimientos populares, de compromiso, de luchas y reivindicaciones con las que nos hemos identificado y en las que hemos aportado nuestro trabajo. Euskal Herria no sería hoy lo que es, no tendría el nivel de autoconocimiento y perspectiva de futuro soberano, sin esas cuatro décadas intensas y fructuosas, sin el compromiso de mujeres y hombres que lo han dado todo por la libertad de su pueblo.

¿Ha cambiado tanto el contexto en que nacieron el 5 de abril de 1978?

Tal vez lo correcto sería decir que sí, que mucho. Veníamos de una dictadura y en aquellos primeros momentos se respiraba libertad. Creo que estas cuatro décadas han servido básicamente para comprender que nuestro enemigo no era el franquismo, sino el estado que lo sustentaba y pervive después de él; un estado que no comprende el principio de libertad individual y colectivo, que los pueblos que malviven dentro de sus fronteras sueñan su libertad y combaten por ella.

El Estado español vive aún la quimera del imperio y no ha asimilado que aún no ha perdido todos los pueblos que contiene. Básicamente en eso ha consistido el cambio: en volver al punto cero. Lo demás es maquillaje. El franquismo no fue más que una fase, una asonada más. La euforia ha sido un espejismo, del que apenas queda nada más que la conciencia adquirida durante estas décadas. Ahora nos sentimos tan incómodos como entonces «perteneciendo» al Estado español. En nuestras manos está dar el salto, gure esku.

¿Cómo se han dejado sentir los profundos cambios que ha habido en el mundo de los medios de comunicación?

‘‘Herria 2000 Eliza’’ ha sido una revista de papel y como tal desaparece. Siempre ha sido una revista modesta y así termina. Se ha nutrido de trabajo voluntario y generoso. Nadie ha cobrado por trabajar en ella, ni por enviar sus artículos. Nunca nos ha faltado colaboración para fabricar nuestros números. No nos han afectado los cambios de modelo ni las reestructuraciones empresariales. Nadie nos ha dado subvenciones, y prácticamente nadie publicidad, pero hemos funcionado. Prácticamente ninguna de las revistas contemporáneas a nosotros ha pervivido hasta hoy. Ha sido una revista de pensamiento y reflexión, y en ese terreno nos hemos movido con comodidad. Hemos utilizado las nuevas tecnologías para elaborarla, editarla e imprimirla, y no nos ha ido mal. Pero, como la vida misma, comienza y termina. Digamos que nuestro fin ha sido un acto voluntario.

En su despedida han dicho: «No conseguimos relevo generacional y nos falta frescura». ¿Se puede decir que les pasa lo mismo que a la Iglesia oficial?

Hemos sido como un matrimonio feliz sin hijos: hemos disfrutado de nuestra vida, hemos aportado lo que hemos podido y finalmente hemos dicho adiós, satisfechos del trabajo realizado. Nuestra obra está ahí para quien quiera consultarla y aprender. Hemos muerto longevos y naturalmente ya notábamos nuestros achaques, por lo que hemos decidido concluir. Nos ha generado un poco de frustración, porque nos hubiera gustado que alguien continuara con la labor iniciada hace cuatro décadas, pero no ha podido ser. No queda más que aceptarlo, sin deprimirse. Nuestra desaparición es biológica, ajados por los años.

En cuanto a la Iglesia, otros responderán mejor que yo. Solo decir que la Iglesia oficial es el pueblo de dios, dicho de otra manera, la gente creyente. Y a nuestro alrededor la gente creyente está bastante cansada, necesita un chute de compromiso. No se trata de llenar de nuevo las iglesias, sino de aportar levadura que se mezcle a la masa de nuestro pueblo, como seguidores de Jesús de Nazaret, uno de los hombres que lo dio todo por una causa. Eso nunca será masivo.

El fin de ‘‘Herria Eliza 2000’’ coincide con el nuevo tiempo abierto en el país tras la histórica decisión adoptada por ETA. Desde su espíritu inquieto, ¿cómo pretenden continuar con su compromiso solidario?

En la despedida, hemos dicho que termina la revista pero no nuestros compromisos, que perdurarán mientras vivamos. Afortunadamente, no nos costará mucho adherirnos a cualquiera de las muchas causas vigentes, a la medida de nuestra veteranía. La situación de las personas presas, refugiadas y exiliadas, la resolución del conflicto político vigente, el derecho de autodeterminación (ahora denominado derecho a decidir), las mujeres a quienes no se reconoce su sitio, las gentes más desfavorecidas, el euskara, las pensiones, los inmigrantes y sinpapeles, y allá donde cada uno vea más conveniente.

En esta era de los blog y las redes sociales, ¿desechan esos medios de expresión?

Algunos de nosotros manejan bastante bien esas herramientas; nunca las hemos desechado, pero no ha sido nuestro terreno, ni hemos sabido incorporarlos a nuestra tarea principal. La revista ha estado en la red y ha tenido su página web, aunque con poco éxito. ‘‘Herria 2000 Eliza’’ comenzó siendo una revista de kiosko, pero siempre se ha primado la suscripción, que le ha funcionado aceptablemente. Pronto nos dimos cuenta que nuestro ritmo debería ser más pausado que el que se presupone a las redes sociales y los blogs. Ellos funcionan a botepronto, nosotros hemos sido más de peloteo largo. En todo caso, no es de descartar que alguno de nosotros comience a expresarse a través de algún blog.