2018/07/03

Postales atlantes (I)

Ha vuelto. Por fin, y hasta el 25 de julio. El Atlàntida Film Fest (nuestro festival de cine en VOD favorito) ha abierto una vez más las puertas. Con esta, ya serán ocho las ediciones en las que esta propuesta de Filmin ha ido tomando forma... y consolidándose, de paso, como una de las ofertas culturales más apetecibles del verano.

Precios competitivos y fácil accesibilidad (lo piden los códigos del buen Video On Demand) son la carta de presentación para una selección de películas excelente. Para una colección de films prácticamente inéditos en nuestro territorio. Un conjunto de más de ochenta títulos, ideal para salir de casa y tomarle el pulso a Europa. Ni más ni menos, y citando a la propia organización del certamen, vamos a darle al Play para “sacar los colores” al viejo continente. Promesa de cine valiente y certero. Combinación ganadora para entender mejor el mundo en que nos ha tocado vivir. Así, pasado, presente y quién sabe si futuro van de la mano para dibujar un panorama en el que, nos guste o no, vamos a vernos reflejados.

Por ejemplo, y empezando por el principio, ahí está “No intenso agora”, apabullante documental de Joao Moreira Salles. Más de dos horas de conjunción de material de archivo, con la excusa del mítico (y mitificado) Mayo del 68 de París. Los protagonistas y los momentos que definieron tan crucial rebelión se unen aquí para entender, con la debida perspectiva histórica, por qué esta no se convirtió en revolución. El pasado revisitado desde una voz que emana desde su propio futuro. El salto temporal se ejecuta con una precisión cinematográfica que en ocasiones pone los pelos de punta, y de propina, nos deja con un sabor amargo en la boca que, indudablemente, solo puede surgir del desengaño más profundo.

Un sentimiento tan potente que obviamente perdura hasta ese «intenso ahora», tiempo o espacio donde encontramos a Ursula Meier, una de las cineastas más fiables del panorama europeo actual. En “Diario de mi mente”, esta directora francesa revive el legado inmortal de Robert Bresson. Con el característico gusto de aquel por los personajes marginales, pone en movimiento a la crónica negra suiza. La película es la recreación de un crimen que tuvo lugar en febrero de 2009, en el que un chico mató a sangre fría a sus padres. Renegando siempre del morbo e interesándose en todo momento por la psicología de los personajes, Meier logra un preciso aparato en el que lo sofisticado para nada se antoja como artificial. Gusto exquisito por lo veraz, pues, para un relato en el que los choques propiciados por el colectivo se amortiguan, eso sí, por el calor –humano– de los individuos.

Por último, y para que vuelva a constar el nivel del Atlàntida, una de las cintas más impactantes en lo que ve de año. “Tower. A Bright Day”, de Jagoda Szelc, hace de la virtud en la técnica el canal ideal para intoxicar nuestra alma. Mimando al máximo la imagen y el sonido, la directora polaca nos sumerge en un drama familiar. En la desintegración de una comunidad que profetiza, a lo mejor, el mismísimo fin del mundo. Y esto no ha hecho más que empezar.