2018/07/12

Kronika
SANFERMINES Y MUNDIAL
DE LOS ITALIANOS DEL 82 A «ALLEZ LES BLEUS» PASANDO POR LA OLA Y WAKA-WAKA

PASA CADA CUATRO AñOS, CONCITA LA ATENCIÓN MUNDIAL Y NI LA IRREDUCTIBLE ALDEA GALA SANFERMINERA SE SALVA DEL IMPACTO. COMO EN 1998, SE BERREÓ ANTEANOCHE EN IRUñEA «ALLEZ LES BLEUS». AL MENOS ESTE AñO LA FINAL SERÁ EL 15, TRAS EL POBRE DE MÍ, Y NO COMO EN 2010...

Ramón SOLA
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Los italianos de 1982, los franceses en 1998 y los senegaleses en 2002 han dejado huella en Sanfermines

En Sudáfrica 2010, en lo único que coincidió toda la peña fue en bailar el ‘‘Waka waka’’ de Shakira

Los Mundiales de fútbol concentran estas semanas la atención mundial, pero en el filtro sanferminero se ven como una nebulosa. Vamos, la memoria de cualquiera –aficionado o no– puede recordar si la final de tal edición tocó en fiestas pero todo envuelto en el vaho de la juerga que lo engulle todo. Rusia 2018 amenazaba con trastocar los Sanfermines como ocurriera en 2010, pero la selección local se encargó de cortar el paso a la española y evitar debates estériles. Y es que el PP había sacado hasta pegatinas para exigir a Joseba Asiron que instalara una pantalla gigante en la Plaza del Castillo «para ver a nuestra selección». El alcalde, diplomático, les recordó que todos los partidos de esta edición se emiten en abierto. Y tampoco hizo falta más, porque en cuanto a la Roja la echaron del torneo Ana Beltrán y los suyos se han olvidado súbitamente del fútbol.

No así los franceses, que anteayer se perdían el último toro para salir a ver la semifinal contra Bélgica, ni la cuadrilla de ingleses que ayer cantaba «Football is coming home» con caña en vaso de plástico en mano, añorando seguro poder ver el partido contra Croacia aferrados a una buena pinta en un pub de Londres. Aunque Sanfermines sean un agujero negro en el que desaparece casi todo, cada cuatro años se filtra por ahí un acontecimiento planetario como el Mundial, y termina dejando su impronta en la calle o en el tendido de sol, donde en las grandes tardes aún se levanta aquella ola que pusieron de moda los mexicanos en su campeonato de 1986.

Los del siglo XX

Echando la vista muy atrás nos topamos con que el día de San Fermín de 1974 se ventiló el Mundial de Alemania entre la RFA y Holanda. Ganaron los germanos 2-1, pero en Iruñea encandilaron los naranjas, que no solo eran una máquina futbolística sino que además se parecían mucho a aquellos turistas mochileros hippys que aquel año empezaban a dormir en los jardines de la Plaza del Castillo para escándalo de los pamplonicas de bien.

1978 no interfirió, porque el campeonato de Argentina acabó para fiestas de Donibane y los partidos se jugaban a horas nocturnas bastante intempestivas como para tener un seguimiento multitudinario. Pero visto en perspectiva sí da pie a paralelismos: allá torturaba y mataba el régimen de Videla, aquí los «grises» reventaban las fiestas y acababan con la joven vida de Germán Rodríguez.

Llegó 1982, el Mundial de España y del Naranjito. La final estaba ubicada en 11 de julio, en plena fiesta, y en ella se esperaba a los rojigualdos –muchos de ellos futbolistas de la Real Sociedad–, pero Alemanía los apeó el día 2. Lo que finalmente quedó en la memoria de la ciudad fue la fiesta que se montaron los turistas italianos, en aquella época motrollón, cantando y ondeando sus banderas entre las txoznas –barkatu, barracas políticas– de Antoniutti.

México 1986 también se consumió antes de los Sanfermines, pero las pelucas de Maradona, el «barrilete cósmico» que había ganado el torneo para Argentina, hicieron furor aquel año. Y qué decir de la ola de la hinchada mexicana, esa peculiar celebración que le pegaba como anillo al dedo al tendido de la Plaza de Toros... aunque a los de sombra les costara años entender que tenían que seguir la estela de los de sol.

Maradona siguió siendo la estrella, esta vez estrellada, en la final de 1990, que se jugó el 8 de julio y ganó Alemania. Más juego dio 1994; a España la echó de la competición Italia un sábado 9 de julio a media tarde, con lo que el cachondeo estaba servido. En horas se «viralizó» una canción popular que reprochaba la eliminación al actual entrenador del Alavés tal que así: «Estaba Abelardo cagando en un zarzal/ vino una mariposa y le tapó el ojal».

Y se cerró el siglo con Francia campeona en su Mundial de 1998 y manadas de visitantes del otro lado del Bidasoa cantando por Iruñea ‘‘Allez les bleus’’ y dando vivas a Zinedine Zidane, que aún tendría otro momento de gloria ocho años después.

Los del siglo XXI

Pero eso es ya cosa de otro siglo, el XXI, que comenzó con los senegaleses celebrando en Iruñea su «boom» en Corea y Japón. Un Mundial que había ganado en realidad Brasil, justo una semana antes del chupinazo.

Alemania 2006 volvió a caer en Sanfermines. La final fue exactamente el 9 de julio y en ella ganó Italia a penaltis, pero lo que pasó al anecdotario sanferminero fue el cabezazo de Zidane a Materazzi, que rápidamente fue reproducido como la gracieta del año en San Nicolás, Jarauta, Navarrería y demás arterias festivas. No recibir un cabezazo a lo «Zidane a Maserati» era todo un reto para cualquiera que saliera a apurar la juerga.

2010 merece capítulo aparte. La entonces alcaldesa, Yolanda Barcina, plantó una pantalla gigante en plena Plaza del Castillo en la que una multitud –sobre todo visitantes españoles de fin de semana– se reunió la tarde-noche el 11 de julio para ver la final España-Holanda.

El día fue complicadillo, con las peñas protagonizando un plante histórico en la Plaza de Toros en protesta por las trabas de UPN y saliendo por las calles en una kalejira en que el blanco y rojo estaba salpicado de naranja tulipán, la camiseta de Holanda. Tras el gol de Iniesta la cosa acabó a tortas en puntos bien divergentes, del Arrano abertzale al bar Sol anexo a la Comandancia de la Guardia Civil. Tendencias políticas al margen, en lo que todo parrandero coincidió ese año fue en bailar el ‘‘Waka waka’’ de Shakira, porque ni en los bares ni en las calles se oyó otra cosa y hasta las txarangas hicieron sus versiones propias de este hit étnico.

La justicia poética hizo que Holanda se vengara de España cuatro años después (1-5). Era Brasil 2014. Con ello se evitaron líos sanfermineros y se pudieron ver sin broncas tanto las semifinales como la final del 13 de julio, que Alemania ganó a Argentina en la prórroga (1-0).

2018 se recordará por las movilizaciones francesa e inglesa, y al menos la final quedará fuera del agujero negro festivo. Será el domingo a las 17.00. Y ya que desapareció el Bombero Torero, el plan se agradece para superar el peor día del año.

En 2022 Qatar asumirá el Mundial. Esta vez será en diciembre. Igual hasta lo vemos.