Harumi OZAWA

El musgo levanta pasiones en Japón

«Es como un microuniverso. Cuando miras un pequeño trozo de verde es el punto de partida de un vasto mundo que se extiende», explica Masami Miyazaki, integrante del grupo de senderistas que recorre el bosque que rodea el lago Shirakomanoike, que se extiende por la cadena montañosa del norte de Yatsugatake. Allí pueden contemplarse más de 500 variedades de musgo o de especies cercanas a este, según Masanobu Higuchi, el mayor especialista japonés de briología. Aunque la pasión por el musgo sea relativamente nueva entre los senderistas y los amantes de los terrarios, esta pequeña planta lleva siglos encantando a los jardineros. «El espectáculo de la extensión y de la diversidad de la naturaleza doméstica en un espacio reducido, esa es la esencia de los jardines japoneses», explica el diseñador Chisao Shigemori. Otro japonés obsesionado con el musgo es Oichi Kiyomura, si bien su forma de disfrutarlo es algo distinta: él recoge el musgo salvaje y lo transforma en dinero. Vende a templos, paisajistas de jardines tradicionales, para terrarios....