2018/08/10

Jornaleros africanos expresan su ira en los campos de tomate de Italia

Cientos de trabajadores agrícolas, la mayoría africanos, abandonaron el miércoles los campos de tomates del sur de Italia para reclamar respeto después de la muerte de 16 de ellos en dos accidentes de tráfico. «Nunca más esclavos», repetían mientras recorrían la llanura de Apulia con destino a la ciudad de Foggia.

V. ZILIANI - A. SOLDIN (AFP)|FOGGIA
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En esta región del sur de Italia, miles de trabajadores agrícolas –la gran mayoría africanos, pero también polacos, búlgaros o rumanos– pasan el verano recogiendo tomates bajo un sol que cae a plomo. El miércoles, envueltos por el calor y el polvo, decenas de manifestantes marcharon durante tres horas por los cochambrosos caminos de la región para llegar a Foggia, donde se les unieron otros jornaleros ante la sede de la Prefectura.

Si bien casi todos ellos están en situación regular –con permiso de residencia o una solicitud de asilo en curso–, los recolectores de tomates rara vez disfrutan de las condiciones de trabajo y de los sueldos requeridos por la ley, y muchos de ellos se ven obligados a vivir como “okupas” o en contenedores instalados en medio del campo. Aunque hay quien tiene contrato, casi nunca reciben una nómina. Y muchos se ven forzados a recurrir a intermediarios, a menudo mafiosos, para desplazarse hasta las fincas.

«Trabajo de 8 a 10 horas al día por 30 euros, con solo 30 minutos de pausa al mediodía, y aun así debo entregar 5 euros cada día para el transporte», denuncia un maliense de 22 años, cuya remuneración viene a ser la media de los testimonios recogidos por AFP y varias asociaciones.

En principio, el salario mínimo en la agricultura italiana se eleva a 48 euros brutos para jornadas de 7 horas máximo.

Si los últimos veranos estuvieron marcados por la muerte en los campos de varios jornaleros italianos o extranjeros, esta semana ha sido la cuestión del transporte la que ha saltado a la primera plana de los periódicos. Una el sábado, otra el lunes; dos furgonetas que transportaban a obreros agrícolas tras finalizar la jornada chocaron frontalmente con sendos camiones. El balance: 16 muertos y 4 heridos graves, todos del África negra, a excepción del conductor marroquí de la segunda furgoneta.

«La sangre de los africanos»

El miércoles, los manifestantes llevaban sobre sus cabezas las gorras rojas distribuidas estas últimas semanas por sindicatos y asociaciones solidarias para protegerse del sol. Una de estas gorras fue hallada ensangrentada sobre la calzada tras el accidente del sábado.

Muchos también portaban cestas con tomates: «¿Sabes cuánto cuestan los tomates italianos? El precio de la sangre de los africanos», proclamó Kogyate Diakine, un marfileño de 41 años instalado en Italia desde hace más de una década. «Estamos desanimados y somos mal recibidos. Aquí no somos nada», añadía Barri Alfa, otro marfileño que llegó hace quince años.

Por su parte, la Coldiretti, la principal asociación de agricultores, denuncia las presiones del mercado al explicar que, de una botella de salsa de tomate vendida a 1,30 euros en los supermercados italianos, el tomate representa solo el 8% del precio, contra el 10% de la botella, el 18% del tratamiento industrial y el 53% de la distribución.

El martes, el ministro del Interior, Matteo Salvini (extrema derecha), que llegó para reunirse con las autoridades locales y con representantes de los trabajadores agrícolas, prometió que se multiplicarán los controles. «Es un problema de mafia. En la provincia de Foggia hay una criminalidad mafiosa que voy a intentar erradicar, calle por calle, pueblo a pueblo, por todos los medios legales», advirtió.

FISCALÍA


El fiscal de Foggia, Ludovico Vaccaro, confirmó a la prensa que «a veces» las investigaciones sobre la mano de obra agrícola revelan «una gestión por grupos mafiosos», pero indicó que «por ahora no hay elementos que vayan en ese sentido» en el caso de los dos accidentes mortales en los que fallecieron dieciséis personas.