2018/08/18

Mertxe Aizpurua
Periodista
Por compasión

El verano está resultando largo, quizá por lo sofocante. A falta de serpientes veraniegas de buena estirpe, lo máximo que consigues al leer la prensa es dar un respingo de sorpresa con alguna declaración curiosa. Así es como te enteras de que si un gobernante ha decidido visitar en prisión a un representante político lo ha hecho por humanitarismo. ¿Humanitarismo? Me pregunto si lo que quería decir Urkullu en realidad no sería humanismo. El calor confunde.

No encuentro otra explicación, porque en esta cuestión, aunque siempre caben iluminatis que propongan variantes, las cosas están bastante claras. Humanismo es, por resumir, un modo de actuar, un compromiso. Incluso diría que tiene una indudable significación histórica. Humanitarismo, en cambio, significa solo –tampoco digo que sea poco, pero es solo eso– sensibilidad y compasión por las desgracias. Y supongo que Urkullu no visitó a Oriol Junqueras en la prisión de Lledoners por mera compasión.

Será el calor o que el lehendakari se ha sumado a la ola. El término genera simpatía en la opinión pública y los gabinetes de comunicación lo saben. Tras esas guerras de humanitarismo a cañonazos, ahora surgen empresas y marcas humanistas. Hasta la moda se hace humanista.

Sí, los términos se prostituyen hasta lo inimaginable. Pero en el caso que nos ocupa – visita de un político a otro político encarcelado–, no creo que pueda hablarse de humanitarismo, incluso humanismo, cuando lo que en realidad se plantea es justicia o no justicia, derechos o no derechos. La confusión semántica es el primer paso para la confusión de las ideas y de la realidad.