2018/08/28

Jon Odriozola
Periodista
Miénteme, por favor
En la Grecia clásica, la de Pericles, hubieran expulsado del ágora y foro público a esta mal llamada «clase política». Y ello porque para ocupar cargos de responsabilidad, política o administrativa se exigían personas «sanas»

En ominosos tiempos de «posverdades» en que se propala la desembozada idea de mentir grosera y graníticamente –con rostro de cemento– a las masas hoy metamorfoseadas en «opinión pública» y/o «público», regurgita –dispépsicamente– la especie del «lapsus linguae», y así tenemos a corifeos a los que les traiciona el primer impulso cognitivo y hablan de «presos políticos» (en referencia, hogaño, a los catalanes) para automáticamente, con risa floja y como cogidos en falta, corregirse y parlar de «políticos presos» ya que, como es sabido, en el solar patrio no existen presos políticos al disfrutar de un Estado de Derecho.

¿Ridículo? Sin duda, pero,sobre todo, esperpéntico en espejos cóncavos que devuelven imágenes deformes resueltas a ostia limpia. Y también paroxísticas por cuanto dichas por idiotas se pretende hacer del resto más idiotas. Ya no se trata siquiera de que el fin justifique los medios –sentencia atribuida falazmente a Maquiavelo– o la «mentira noble», según Platón, para evitar alarmas innecesarias a la inerme plebe, sino de la más pedestre de las mentiras y su apología para justificar un «statu quo» deleznable. Y no faltará «intelligentsia» áulica que, a esta degeneración, le llamen «hacer política». A estos confines se ha llegado de la mano de una oligarquía corrupta y decadente. Y a esto se resiste una fracción de la burguesía y pequeña burguesía catalana con sus aspiraciones republicanas e independentistas que pasan por la desconexión de un Estado (español) opresor y fascista. O «injusto», como dice Torra.

En la Grecia clásica, la de Pericles, hubieran expulsado del ágora y foro público a esta mal llamada «clase política». Y ello porque para ocupar cargos de responsabilidad, política o administrativa se exigían personas «sanas» (no médicamente hablando), es decir, ocupada y preocupada por la salud y felicidad (lo que hoy sería el «Estado de bienestar») de su pueblo, y no el suyo propio, lo que, para un ateniense, sería interpretado como inherente a personas enfermas.

Seguiremos con esta barrila.

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