2018/08/30

Amparo Lasheras
Periodista
«Fins sempre», Fontana
Tras el natural desconcierto que produce la noticia de que alguien ha muerto pensé que, con su muerte, el pensamiento de izquierdas se quedaba un poco más solo y desamparado de lo que ya está

La columna anterior, la del jueves 16, la terminé con una reflexión que el historiador catalán Josep Fontana hace en su libro “El futuro es un país extraño” (2013), en el que estudia la crisis social que el capitalismo desató a comienzos de este siglo. Le cité porque es un autor que leo a menudo y de cuyos análisis siempre aprendo algo. Me enteré de su fallecimiento ayer, al mirar los periódicos y encontrar en este diario el artículo que sobre él escribió Beñat Zaldua y la verdad es que lo sentí y mucho. Tras el natural desconcierto que produce la noticia de que alguien ha muerto pensé que, con su muerte, el pensamiento de izquierdas se quedaba un poco más solo y desamparado de lo que ya está. Como comenté horas después con un amigo, Fontana era una de esas voces que siendo muy críticas con el sistema con sus realidades y peligros y con la actitud inoperante de la izquierda ante esas realidades, abría puertas al futuro y rebatía con fuerza la resignación y los argumentos derrotistas de algunos expertos en economía que aseguraban que no hay «forma de oponerse eficazmente» a los «factores económicos», causantes de tanta desigualdad y barbarie. «Acostumbraos a ello. No cambiará», afirmaban. Ante esa sentencia publicada en su día en el “Financial Times”, Fontana escribió. «Un mundo con más de mil millones de hambrientos y parados no se puede esperar que siga resignándose indefinidamente a verse condenado a una vida cada vez peor en nombre de las necesidades de un sistema que solo beneficia a una minoría», y añadió, «no se trata de limitarse a resistir, sino que hay que aspirar a renovar lo que se combate. La tarea más necesaria a que debemos enfrentarnos es la de inventar un mundo nuevo que pueda ir reemplazando al actual, que tiene sus horas contadas». El año pasado, con motivo de cumplirse los 100 años de la Revolución Rusa, publicó su última obra, “El siglo de la Revolución. Una Historia del mundo desde 1914”. Un legado ideológico para leer con tiempo, para subrayar, para entender nuestro tiempo y guardar entre los libros que siempre se quedan.