2018/08/31

Imanol Intziarte
Periodista
Colgar las botas

Primero colgaron las botas esos que ya estaban cuando empezaste a ser consciente de que te iba este rollo, de que llevabas el veneno en la sangre y de que jamás te lo quitarías de encima. Si algún día te los cruzaste ni siquiera te diste cuenta de que les llegabas a la cintura, o al pecho. Eran gigantes, seres de otra galaxia, levitaban a dos palmos del suelo. Lo que fuera por una firma, por una foto.

Ibas creciendo y te percatabas de que no eran seres sobrenaturales, pero seguías soñando con que el futuro te deparara un destino similar.

Y de repente era gente de tu edad, incluso de tu colegio, año arriba año abajo. Chavales con los que habías compartido campo en la playa, patio en el colegio. Ya se les veían maneras, qué te iban a descubrir que no supieras.

Estabas en la grada. Él al otro lado de la valla. Y sentías orgullo, como si parte de su mérito fuera tuyo. Tantas veces que te regateó, se podría decir que fuiste su sparring.

Aquello también pasó. A los de ahora les viste debutar cuando ya tenías edad para ser el veterano del equipo, para haberles dado consejos en el vestuario sobre qué hacer y qué no. Y presumes. «Desde el principio sabía que iba a hacer carrera», comentas a quien te quiera escuchar.

Pronto subirás el siguiente escalón. Les mirarás y dirás, «podría ser mi hijo». Y serás consciente de que el calendario avanza. Hubieras dado lo que fuera por ser como ellos durante cinco minutos. No ocurrió y tampoco importa ya.

Hay quien no lo comprende, pero cada vez te importa menos. Quienes cuentan su tiempo en mundiales y no en años entienden de qué estás hablando. Y con eso te vale.