2018/08/31

Koldo Campos
Escritor
«Efecto llamada»
Cada vez que depositamos en costas africanas nuestros tóxicos residuos o enviamos nuestras flotas pesqueras a esquilmar sus mares, además de la miseria que provocamos, estamos invitando a quienes queden a venir a Europa

Todo lo que hacemos es susceptible de provocar eso que se conoce como «efecto llamada». Los anuncios que vemos en los medios o en la calle, las luces de neón, los semáforos, la astronomía… Desde levantarnos o acostarnos, pasando por acudir a una cita, asistir a un acto o cambiar de imagen, así sea el estómago el que nos llame a comer o la sirena la que llame al trabajo, siempre estamos respondiendo a «efectos de llamada». Pocos son tan persistentes como las campanas que repican a misa o los minaretes que convocan a la oración, y menos aún los que son tan infalibles como los bostezos o los estornudos. Todo responde a un «efecto llamada».

Curiosamente, salvo alguna que otra excepción, solo oímos hablar en los medios de comunicación del «efecto llamada» cuando se habla de migración. Con los prejuicios a flor de piel hay quienes se inquietan por cuántos receptores atiendan la llamada pero no les preocupa porqué. Tampoco quién es el que llama.

Cada vez que depositamos en costas africanas nuestros tóxicos residuos o enviamos nuestras flotas pesqueras a esquilmar sus mares, además de la miseria que provocamos, estamos invitando a quienes queden a venir a Europa; cada vez que arruinamos sus campos, saqueamos sus minerales o hurtamos sus recursos, estamos invitando a quienes hemos despojado de sus bienes a venir a nuestras ciudades; cada vez que les tumbamos y les nombramos gobiernos, les trazamos fronteras, les imponemos mercados, estamos invitando a quienes sobrevivan a venir a nuestra casa.

Es nuestra llamada y son nuestros invitados. Puestos a venir, sólo les pido la cordura que aquí ya no tenemos, la memoria que hemos perdido, la razón que seguimos negando. Solo les pido que nos ayuden a desarmar la hipocresía, a dejar sin efecto la avaricia, a renunciar al fraude, a restaurar la moral, a que nos enseñen a compartir y aprendamos a ser naturaleza… y, sobre todo, si es que fuera posible, les ruego que no vengan a matar elefantes.

(Euskal presoak Euskal Herrira/ Llibertat presos polítics/ Altsasukoak aske)