2018/09/01

Arturo Puente
Periodista
No es diálogo, es correlación de fuerzas
Un analisis serio de la correlación de fuerzas actual es una buena razón para que los catalanes se echen a temblar, y no solo ellos, también buena parte de las izquierdas española y vasca

Del catálogo de errores que los partidos cometen a la hora de diseñar sus estrategias, uno de los más repetidos es la falta de rigor analizando la posición de los rivales y de honestidad evaluando las propias. Joan Tardà demostró esta semana que un diputado experimentado, hábil y que piensa fuera del redil puede caer en estas trampas, cuando afirmó que un Gobierno del PSOE, por malo que sea, siempre será más dialogante que uno del PP.

En lo relativo a las posiciones del rival, más bien es justo al contrario. La voluntad de diálogo o negociación de un Gobierno del PP y de uno del PSOE es prácticamente la misma si están en las mismas condiciones. La razón por la que Sánchez habla más con ellos que Rajoy no es ninguna simpatía ni valor personal: es que le hacen falta sus votos.

Tampoco el análisis es honesto sobre qué pueden esperar del Gobierno. Bajo la polisemia de la palabra «diálogo» al independentismo catalán le ha dado por confundir cosas tan dispares como hablar sobre el reparto de déficit y negociar un referéndum de independencia. Es evidente que el independentismo está haciendo lo primero y muy lejos de lo segundo. La cosa está así: hoy hay independentistas que firmarían un «diálogo» para no perder parcelas de autogobierno.

Un analisis serio de la correlación de fuerzas actual es una buena razón para que los catalanes se echen a temblar, y no solo ellos, también buena parte de las izquierdas española y vasca. Los movimientos que se han sucedido desde el octubre catalán, con el cambio de Gobierno y la lucha en la derecha española ha dejado a la Generalitat con algunas de las fuerzas fácticas más importantes alineadas en su contra. Todo es tan precario que cuando PP y Ciudadanos no saben qué contestar, piden aplicar el 155.

Y, pese a eso, aupar a Sánchez a Moncloa no les ha salido tan mal. No porque el PSOE sea más guapo, sino porque al menos izquierdas e «indepes» han atado la estabilidad del Gobierno a su propia suerte. Algo es algo. A ver si ahora a alguien se le ocurre cómo mantener la carambola más allá de las próximas generales.

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