2018/09/12

Carlos GIL
Analista cultural
Con Aloe Vera todo parece tener solución inmediata

He pasado dos semanas hablando de internacionalización con productores, curadores y agentes de diferentes rubros de la nómina, argentinos, iraníes, croatas, brasileños y mexicanos. Institucionales e independientes.

Todavía me duele la cabeza. Creo que con Aloe Vera todo hubiera ido mucho mejor. Veo en las estanterías de cosmética, nutrición y parafarmacias que esta planta tiene capacidades mágicas para aliviar cualquier desajuste. La internacionalización la siento en ocasiones como un magnífico placebo, una zanahoria para que los burros tiren de la noria que va sacando expectativas y frustraciones de un pozo lleno de sapos y culebras alimentados por la falta de criterios, reglamentación y objetivos bien definidos. 

Como he visto que una de las invitadas más audaces mostró un Excel como un instrumento importante en esa internacionalización, pienso que es imprescindible que revisemos todos los masters que en las universidades estales son y que se dedican a crear titulaciones sin contenido sobre la gestión cultural, las artes escénicas y todos sus eufemismos adyacentes porque me temo estamos ante una gran estafa.

La sensación que se extiende desde la confrontación argumental es que se funciona con tres frases hechas, dos conceptos antiguos y se recetan fórmulas de homeopatía teatral que aumentan la anemia cultural hasta índices indecentes. Aunque con Aloe Vera todo debe tener una solución intemporal, asocial y fuera de los presupuestos estructurales.