2018/09/13

Raimundo Fitero
Del grifo

Me apunto al movimiento ciudadano que solicita jarras de agua del grifo en los restaurantes. Los empresarios dicen que no se puede hacer obligatorio lo que es una simple cortesía. Y que como a ellos les cobran el agua del grifo, tienen el deber de cobrarla, porque no están para regalar nada, por obligación. Esto de la obligación es el detalle. Y ahora estamos en el momento de los detalles. Además, insisten, no en todos los lugares el agua del grifo es recomendable para la salud. Pues, se recuerda, que no hace mucho se declaró el agua potable como un derecho humano. Casi nada. Ha dimitido una ministra mentirosa. Tres horas después de que Sánchez la apoyara. Esto es como el agua del grifo. No es obligatorio, pero la decencia, el revisar los currículums y comprobarlos debería ser una norma, un hábito. Lo de los másteres empieza a ser una plaga. Esa universidad con el nombre del suegro de Urdangarin y su instituto es un cónclave de golfos y consentidos. Y enchufadas. A la ministra Montón le han descubierto diecinueve páginas de cincuenta y dos copiadas. Vaya, vaya. ¿Cuántas tendrá el trabajo oculto de Zipi Casado? La dimisión de la ministra coloca al jefe de la banda ante el espejo. Tenemos tema.

Parecía que esa universidad era un nido para peperos en promoción, pero resulta que en el momento que a Montón le regalaban un máster, desde el gobierno de Zapatero, dos ministras, estaban dando subvenciones millonarias a la misma.

Es un escándalo abierto. Los trabajos de los estudiantes, ¿no se revisan, no se cotejan, no se avalan? Las grandes corporaciones multinacionales ya no buscan en el currículum académico para fichar a sus empleados, sino en sus capacidades de trabajo y de resolver problemas a la vez que propiciar novedades. Por algo será. Y piden jarras de agua del grifo.