2018/09/18

Luis María Martinez y Jesus Mari Eizmendi*
Koldo Mitxelena Kulturunea
Fachada y poco contenido. ¿Es ese el futuro que plantean las instituciones de Gipuzkoa para Koldo Mitxelena?

El Centro de Cultura Koldo Mitxelena de Donostia-San Sebastián es un equipamiento público que la Diputación Foral de Gipuzkoa destinó a biblioteca y lugar de diversas actividades culturares, como exposiciones, conferencias, representaciones de teatro o interpretaciones de diversos tipos de música.

Un equipamiento público tiene como misión dar el mejor servicio posible a sus usuarios en el ámbito en el que tiene su competencia, el de la cultura en este caso. Su nivel de calidad se mide por el grado de satisfacción de los mismos. En los 25 años de funcionamiento tanto el número de usuarios/socios, muy alto, como el de reclamaciones detectadas, bajísimas, nos dan una idea del mismo.

A la vez, Koldo Mitxelena representa un buque insignia de la cultura vasca en el nivel de bibliotecas y fondos documentales, como el Julio de Urquijo. De modo semejante a como The New York Public Library o la del Trinity College de Dublin son emblemas culturales de ambas ciudades, Koldo Mitxelena es el equipamiento que se muestra a personalidades del mundo de la cultura de otros países cuando visitan Donostia.

Koldo Mitxelena es un punto de referencia clave para cualquier persona que quiera acceder a una novela, sí, pero también a estudios de historia, geografía, sociología, economía, psicología… o de las ciencias de la naturaleza, para componer un trabajo, estudio o simplemente obtener información.

En resumen, Koldo Mitxelena es un equipamiento que funciona perfectamente. Tiene, evidentemente, los achaques de una obra con una antigüedad de 25 años, las carencias de diseño de accesibilidad inherentes a su época y los deterioros propios del paso inexorable del tiempo y del uso.

Esto nos lleva a la necesidad de cambios. Pero estos deberían ir encaminados principalmente a solucionar los citados males, vinculados a la etapa de su gestación, a las carencias en los aspectos de movilidad principalmente, a las obsolescencias de algunos de sus elementos y a los quebrantos provocados por el paso del tiempo.

De repente, aprovechando las limitaciones y fallos indicados, las instituciones forales reciben una iluminación sobre la «necesidad» de cambiar también la filosofía del equipamiento como Biblioteca y parece que tratan de convertirlo en un elemento más de lo que Guy Debord destacó como una de los atributos básicos de la sociedad actual: una pieza de la «sociedad del espectáculo».

De las declaraciones del equipo ganador del proyecto no se puede deducir otra cosa. Las generalidades que predican del mismo son vaguedades, inconsistencias, lugares comunes y vacíos. «Versatilidad», «nuevos programas», «optimización», «usos múltiples», «sensación más diáfana»… son términos que quedan aparentes, vistosos, pero sin contenido si no se expresa a qué cuestiones concretas del mundo de la cultura se refieren.

Tratan de definir un espacio cultural por los atributos físicos del edificio: volumen, diafanidad, versatilidad etc. y no por sus contenidos culturales en los que, para serlo, se requiere un acceso material a los soportes (libros, fundamentalmente, en este caso) y una participación activa –crítica– de sus usuarios. La «sociedad del espectáculo» los reduce a simples «consumidores pasivos» y espectadores. En ella prevalece la apariencia sobre el contenido

En las cuestiones específicas, no hay concreción. Para empezar, ¿qué va a pasar con los servicios de biblioteca, que tan bien ofrece Koldo Mitxelena actualmente, durante los dos años que va a permanecer cerrado? Y, avanzando un poquito más en el tiempo, ¿qué va a suceder con los libros, sí los libros, esos bloques de papel impreso encuadernado que contienen información, formación y disfrute para quien los lee? En lugar alguno de las informaciones aparecidas en la prensa donostiarra se hace mención a qué va a pasar con ellos. ¿Dónde se ubicarán? ¿Quién tendrá acceso? ¿Quién los podrá tocar, sí «tocar» y leer «in situ»? ¿Se convertirá todo en un «espacio virtual» sin una concreción tangible y sólo consultable a través del plasma?

Todas estas inquietudes habrían de ser resueltas antes de emprender cualquier proyecto de remodelación de Koldo Mitxelena, así como se deberían definir también los cacareados «nuevos programas» o «usos múltiples». Tenemos un antecedente sintomático con lo sucedido en Tabacalera. Tabacalera es un equipamiento cultural público con un inmenso volumen utilizable, pero que no se precisa en realidades positivas. Es un modelo de los «usos culturales» en la «sociedad del espectáculo». Fachada y poco contenido. ¿Es ese el futuro que plantean las instituciones de Gipuzkoa para Koldo Mitxelena?

Ante el despropósito que, parece, pretenden perpetrar contra uno de los principales equipamientos culturales no sólo de Donostia y de Gipuzkoa, sino del conjunto de la cultura vasca, exigimos la paralización total de este proyecto y que se convoque uno nuevo con la finalidad preferente de solucionar los problemas técnicos, originales, y los debidos a la obsolescencia o al deterioro por uso y el transcurso del tiempo.

*Firman también Sebastián Agirretxe, Alberto Fernández D'Arlas, Iñaki Albisu, Ramón Zuriarrain, Mikel Rotaeche, Teresa Lopez de Munain, José Luis Orella Unzué, Jesus Altuna, Espe Goikelea Zabala, Iñako Pagola, Josu Tellabide, Fernando Sánchez Aranaz, Aurea Sarasola, Xabier Barandiaran, German Goienetxe, Margarita Nieva, José Ramón Muñoz Peña, Koro Mariezkurrena y Mari Carmen Yabar