El camino (híper)real de la continuidad
Isaki Lacuesta deja buenas sensaciones en la Sección Oficial con «Entre dos aguas», una propuesta fílmica que da continuidad a «La leyenda del tiempo», rodada en 2006, y en la que ahora recupera a los mismos personajes para la ocasión.

Isaki Lacuesta es un director peculiar –a veces complicado en algunas de sus propuestas– con una manera especial de hacer cine, pero que consigue captar al espectador. En el año 2004 se lanzó en el rodaje de “La leyenda del tiempo”, cinta que estrenó dos años después. Sus visitas a Zinemaldia ya se pueden contar como numerosas, ya que en los últimos años se ha convertido casi en un habitual del certamen. Pisó Sección Oficial por primera vez en 2009 con “Los condenados” y regreso un año más tarde a Zabaltegi con “La noche que no acaba”. En la misma sección presentó en 2011 “El cuaderno de barro” y ese mismo año se apoderó de la –polémica– Concha de Oro gracias a “Los pasos dobles”. Su última visita a Zinemaldia data del 2014, cuando presento en Sección Oficial fuera de concurso la cinta “Murieron por encima de sus posibilidades”. Isaki Lacuesta sigue regresando, no solamente al festival, si no también a su propia filmografía. Ayer presentaba en competición “Entre dos aguas”, una especie de continuación de “La leyenda del tiempo”.
El director sigue apostando por sus peculiaridades cinematográficas al poner rumbo hacia la continuacion de una película doce años más tarde y reflejando el paso del tiempo en los dos personajes que protagonizan ambas propuestas, Cheíto e Israel. Sin embargo, por muy arriesgada y diferente que sea su apuesta, parece que cuajó ante la crítica –vean el comentario de Víctor Esquirol abajo–.
De ser unos jóvenes adolescentes, los hermanos Cheíto e Israel llegan a la madurez, aunque transitan caminos muy distintos. El primero trabaja en la panadería de la Marina española, mientras que el segundo acaba de salir de la cárcel por un delito de tráfico de drogas. Isaki Lacuesta plantea un film muy observador, casi testimonial, a través de una ficción hiperrealista. «Es una película muy apegada a cosas que ocurren. Es una película de ficción en la que nos inspiramos en la vida cotidiana, hay muchas situaciones que ocurren en sus vidas reales», por ejemplo, el parto que da inicio a la cinta. «Fuimos todo el equipo a San Fernando (Cádiz) para asistir al parto de Rocío –esposa de Israel– sin saber cómo saldría la secuencia», dijo el director.
Lacuesta aseguró que, aun siendo catalán, le interesa rodar también en lugares que no conoce. «Me interesa hacer cine de las cosas y lugares que no conozco. En el tipo de sociedad que llevamos estamos muy ceñidos a vivir con gente que se parece a nosotros, que políticamente piensa como nosotros, y cada vez es más difícil encontrarte con gente diferente. El cine, la literatura, el arte permiten ponerte en cabezas de gente que no es como tú».

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