Iñaki LEKUONA
Periodista

El candidato

Ya está, deshojó el último pétalo de la margarita y al parecer llevaba escrito el nombre de Barcelona como antes estuvo el de París, cuando desde lo alto del puesto de visir quiso subir varios peldaños más para ser califa en lugar del califa. Pero tropezó en las primarias socialistas y cayó desde la cumbre con su disfraz de izquierdas totalmente arrugado por una política neoliberal, jacobina y populista, rayana en ocasiones en lo xenófobo y marcada siempre por la contradicción y por la traición a sus propios posicionamientos públicos. Como cuando defendió el No durante referendo sobre la Constitución europea de 2004 para pronunciarse luego por el Sí de la mano de François Hollande; a quien posteriormente abandonó en las primarias de 2006 para irse con la ex del futuro Presidente; a quien también dejó en cuanto Segolène Royal acabó por defenestrarse en su intento por liderar el PS; un partido al que también renunció cuando, tras su paso por el ministerio de Interior y por el puesto de primer ministro, fue descartado por los militantes en favor de Benoit Hamon. Aquello supuso tal golpe a su autoestima que algunos pensaron que sería el último, pero la ambición parece no marchitarse nunca, como la margarita que acaba de deshojar y que le lleva, por vez primera, a ser ideológicamente coherente con el partido por el que va a ser candidato, a ser de verdad Manuel Valls.