Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Ola de crímenes»

Todo por la pasta y la familia

Suele ser muy socorrido culpar a la crítica del desprecio intelectual hacia el cine comercial, cuando en buena medida son los propios cineastas quienes estigmatizan las películas hechas para el gran público. ¿Por qué cuesta tanto a un o una profesional del medio reconocer que ha hecho una película por dinero? ¿Qué hay de malo en ello, si pretende vivir de hacer cine? Más que como realizadora, Gracia Querejeta me ha decepcionado como comunicadora, al hacer ver que ha dirigido “Ola de crímenes” por cambiar de género, y no por llegar a un número mayor de espectadores. El resultado traiciona sus palabras, porque la cinefilia y la crítica le han vuelto la espalda en su nueva etapa, mientras que en Telecinco están contentos con la respuesta de la audiencia a su masificado lanzamiento promocional.

A Gracia Querejeta no le va nada el guion de Luis Marías, directamente emparentado con el que escribió para Enrique Urbizu hace casi tres décadas en “Todo por la pasta” (1991), y que en la actualidad podría ser más adecuado para un Álex de la Iglesia. No en vano se trata de una comedia negra acelerada, con muchos personajes y situaciones alocadas. La cineasta nunca encuentra el tono o el equilibrio, con subtramas muy dramáticas, como la del ertzaina parricida y suicida por partida doble, que no encajan en lo disparatado del conjunto.

Otro aspecto que falla y no casa con las intenciones argumentales es el de una producción afectada por el complejo de comedia coyuntural, con detalles de la ambientación en Neguri proclives al topicazo cultural, acompañados de acentos forzados en algunos secundarios y secundarias supuestamente nativos interpretados por actores y actrices foráneos.

Lo que mejor funciona es la amoralidad de la relación entre la madre y el menor amigo de su hijo, gracias a la naturalidad que aporta Maribel Verdú a su papel de madurita sexy.