Monumental fantasía histórica sobre el pistolerismo

En la televisión se estila mucho lo que bien se podría denominar fantasía histórica, y que consiste en trasladar un equivalente del cine de género a épocas pretéritas creando un universo nuevo o imaginario. Es una dinámica que cuesta más trasladar a la pantalla grande, donde el detalle de la imagen exige un mayor rigor en todo lo relativo a la documentación. El cineasta gallego Dani de la Torre ha intentado romper esa barrera mediática con su segundo largometraje “La sombra de la ley” (2018), seguramente animado por el riesgo que corrió exitosamente en su thriller de suspense contemporáneo “El desconocido” (2015), que utilizaba el espacio único y reducido de un coche como elemento de tensión. Pero el desafío autoimpuesto es mucho mayor en esta ocasión, al pretender convertir la Barcelona de los años 20 en el escenario de una película de gángsters como lo ha venido siendo el Chicago de esa misma década para Hollywood.
Por momentos el híbrido parece funcionar, hasta el punto de que le han llovido las comparaciones con el maestro Sergio Leone y “Érase una vez en América” (1984), e incluso con “El huevo de la serpiente” (1977) de Ingmar Bergman, en la medida en que describe los acontecimientos catalanes de 1921 como el caldo de cultivo del golpe de Primo de Rivera. En el diseño de personajes los tiros apuntan hacia Brian De Palma y “Los intocables de Eliot Ness” (1987) y, por último, el ambiente del cabaret El Edén, a “Cotton Club” (1984) de Coppola.
Son muchas y exigentes referencias para un proyecto al que le sobra ambición, tal como indica su tendencia a sobredimensionar cualquier tiempo pasado a cuenta del afán desmedido por generar una mítica alrededor del pistolerismo. De igual modo que le sobran grúas y movimientos de cámara circulares innecesarios o fuera de lugar la representación de la situación política en Catalunya es aún más confusa que la actual.

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