Ane URKIRI ANSOLA

El mundo al revés para no despegarse de la realidad

No siempre se puede ganar». Fue una de las primeras frases que declaró Manu García ante las cámaras de televisión. Y hay algo cierto en ello. No se puede tener todo y menos aún cuando eres conscientes de que no estás viviendo la realidad. Pero la esperanza siempre estará ahí, aunque Abelardo siga insistiendo en que llegarán «tiempos difíciles». El gol tempranero del propio capitán auguraba otro día de ensueño. Lo difícil ya estaba hecho y es más que probable que más de un discurso conservador diese un paso hacia el ilusionismo. 

La derrota no deja un sentimiento de rabia a pesar de la forma en la que se gestó. Primero, con un expulsado en tu bando y, cuando la superioridad numérica es inexistente, terminas dejándote remontar con un gol en el añadido. Pero el Alavés nunca renunció a su estilo ni a su carácter, con Laguardia y Maripán como jefecitos. Esa es la garra del Glorioso y solo le faltó cierta precisión con el 1-1. Jony tuvo una ocasión clara al recibir sin oposición un centro desde la derecha, pero el sacrificio defensivo le pasó factura a la hora de darle potencia al disparo. Seguramente, en el caso de haber marcado, no merecía tal premio el conjunto de Abelardo Fernández, pero ha utilizado el mismo sistema para derrotar en más de una ocasión, por lo que no sería sorprendente. 

Pero «no siempre se puede ganar». Y ayer era un día de esos. En cuanto al marcador, fue un déjà vu a la inversa del duelo ante el Villarreal. A veces ganas, otras veces pierdes. El Glorioso recibió su propia medicina. Marcó su sexto gol en una jugada de estrategia pero perdió el partido concediendo su primer gol a balón parado y en el último suspiro, cuando resulta que es él quien saca mayor redito a los minutos de prolongación. El mundo al revés en Ipurua para que los albiazules no se despeguen de la tierra y de la realidad de la máxima categoría: cada punto cuesta sudor –y, a veces, lágrimas–.