2018/11/08

Dabid LAZKANOITURBURU
El guion se cumple, el desenlace sigue abierto

Los pronósticos acertaron de lleno y el guion que desde los tiempos de Franklin D. Roosevelt castiga al partido del presidente electo dos años después de su victoria se ha cumplido a pies juntillas.

Trump y los republicanos –en este orden por el tono plebiscitario de estas elecciones de medio mandato–, han sufrido un claro correctivo al perder el control de la Cámara de Representantes.

Desde su recuperada mayoría en la House, los demócratas podrán condicionar la agenda republicana en el Congreso, además de impulsar las investigaciones (Russiagate y los presuntos delitos fiscales del magnate) que acechan a Trump y frenar los desvaríos domésticos del showman convertido en presidente.

Paradojicamente, esto último podría resultar beneficioso para el establishment republicano, que podría verse liberado de la responsabilidad, y de la contradiccion, que ha tenido que asumir durante estos dos últimos años al intentar poner coto a los impulsos de su presidente.

Trump sufrió el martes el mismo castigo que las mitderm depararon a Obama en 2010, dos años después de que su «Yes, we can!» le aupara a la Casa Blanca. Un revés que frenó las aspiraciones regeneradoras del primer presidente negro en la historia de EEUU.

Por lo demás, el hecho de que los republicanos hayan mantenido e incluso ampliado el control del Senado no solo hace inviable un impeachment contra Trump sino que le deja el camino abierto para optar a un segundo mandato.

Y, frente a él, los resultados en estados críticos y claves tanto para las elecciones al Senado como a gobernador(a) arrojan resultados poco concluyentes sobre el debate estratégico en el seno de los demócratas entre la apuesta por un giro refundador en clave social-ista, feminista y centrado en las reivindicaciones de las minorías discriminadas (negros, latinos...) y los que insisten en aferrarse a la agenda centrista-liberal como la única manera de sumar apoyos para ganar a Trump.

Unas y otros deberían recordar que, como le ocurrió a Hillary Clinton, no les bastará con ganar en 2020. Tienen que convencer. Y arrasar.