2018/11/09

Beamon, una leyenda en Donostia

Defensor de los derechos humanos, justifica su silencio sobre Trump porque «un atleta inteligente debe mantenerse en su pista».

EFE-GARA
1109_kir_atletismo

Elegantemente trajeado de azul, camisa blanca y corbata multicolor, Bob Beamon, el hombre que dio el «gran salto», compartió con afabilidad sus recuerdos sobre el día en el que hace cincuenta años despegó de la pista para, tocado por «todos los dioses», volar 8,90 metros en los Juegos Olímpicos de México’68.

Lo revivió ayer durante la rueda de prensa que ofreció en Donostia antes de recibir el premio “Leyenda” que concede el Festival Internacional de Cine de Atletismo de la ciudad.

Fue un largo instante durante el que, como confesó, tuvo tiempo de «mirar el reloj» del estadio que ahora lleva su nombre y cuando superó los «seis pies» pensó: «¡Ahhhh! es especial». Algo que, según comentó, sabía que tenía que hacer, porque junto a él competían dos saltadores «geniales» y era consciente de que tendría que hacer «algo especial para ganar».

Su marca sigue siendo récord olímpico, pero la plusmarca mundial duró en sus manos casi 23 años. Fue superada en 1991 por su compatriota Mike Powell, con 8,95 metros en el Mundial de Tokio. Beamon considera que en algún momento otros atletas llegarán a los 9 metros, aunque no necesariamente en una cita olímpica porque, como a él le gusta recordar a menudo, «los Juegos Olímpicos no son para lograr récords, sino para conseguir medallas de oro».

Beamon trató otros temas de actualidad, como los derechos humanos, del que es defensor. Recordó el gesto de los, al igual que él, afroamericanos Tommie Smith y John Carlos al levantar sus puños con guantes negros en contra del racismo durante los Juegos Olímpicos del 68. Un acto que, en su opinión, en aquel momento fue «interpretado mal» por la gente, ya que se inscribía en un movimiento «por los derechos civiles» que, a su juicio, «sigue estando vigente hoy en día» porque otros deportistas como el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick –actualmente sin equipo en venganza a su gesto de arrodillarse ante el himno estadounidense como señal de protesta por los abusos raciales en Estados Unidos– han recogido «la antorcha» y también «están hablando de derechos humanos y de la igualdad».

Elude hablar de Donald Trump

Beamon eludió pronunciarse sobre la política del presidente norteamericano Donald Trump en este ámbito porque, como dijo gráficamente, «un atleta inteligente debe mantenerse en su pista». «Sé que es una persona bastante interesante que llama mucho la atención, pero yo quiero atenerme a mi ámbito del deporte, la política es algo que prefiero dejar de lado», zanjó, antes de apelar a la función del deporte como «gancho que aúna a todas las personas».

También pidió «un deporte limpio» fuera del dopaje y reconoció que acabar una prueba tan dura como el maratón es «incluso mejor» que saltar esa distancia de 8,90 metros por lo que, «simplemente», se «arrodilla» ante el récordman Eliud Kipchoge (2h01:39, Berlín 2019).

HASTA 9 METROS


Beamon, cuya marca de 8,90 metros fue superada en 1991 por su compatriota Mike Powell (8,95, Mundial de Tokio), considera que en algún momento otros atletas llegarán a los 9 metros.