El despertar
La primavera despierta a las feromonas, el otoño la melancolía y el invierno los planes de pensiones. A mí, algunas declaraciones de los actuales títeres aznaristas, me despiertan esperanzas. Cuando escucho a alguien, ya no sé a quién, porque tienen tres monigotes principales y otros secundarios, pero todos pronuncian igual la palabra España, con un énfasis tradicionalista y falangista que me hace pensar que el comisario Villarejo es un héroe popular y no un corrupto servidor de los cuáqueros más indecentes aposentados con sus crucifijos en oscuros despachos insonorizados, pidiendo la aplicación de la ley de partidos para ilegalizar a alguno, siento un escalofrío trasversal. ¿Cuántos casos de tesoreros implicados en causas judiciales por corrupción son necesarios para incoar un expediente de ilegalización a un partido político declarado en sentencia de un tribunal organización criminal? ¿Cuándo procesarán por malversación de caudales públicos en usos partidistas de sus funcionarios del Ministerio del Interior a el hijo de “El Tuno”? Fernández Díaz sale implicado en numerosas declaraciones de espionaje no legal a partidos políticos, fundador de una policía política a su servicio con el héroe Villarejo al frente. Todo era a favor de la banda del PP, ¿no se contempla esto en esa famosa ley? Que apliquen el 155 al PP. A Arrimadas, el 156, por pesada.
La escalada de la tensión actual es el despertar de la ausencia voluntaria del compromiso social y político. Todo lo que se prepara para el famoso 21-D en Barcelona es de una insensatez supina. Sí, obvio, Sánchez se podía haber ahorrado este gasto y esta provocación y celebrar su Consejo de Ministros en un asador en Lerma. Y anunciar la baja del IVA a los chuletones. Chiquetete, ese conocido maltratador se muere y le hacen homenajes. La involución sale gratis total.

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