2019/02/10

PATRICIA VELEZ Y URTZI ERRAZKIN
PORTAVOCES DE ETXERAT

Mientras escuchan hablar de fin de la política carcelaria, enero ha traído a los familiares cuatro accidentes y las muertes de dos expresos enfermos. Pero Etxerat no se queda anclado en la denuncia; queda clara su disposición a avanzar hacia las soluciones y la convivencia.

«Hay que abandonar trincheras y empezar a escucharnos entre todos»
Ramón SOLA|DONOSTIA
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El cambio de la política carcelaria tan anunciado en el Estado español se está materializando muy lento, y al fondo aparece el riesgo de involución con el auge de la derecha. ¿Cómo viven todo esto los familiares?

Patricia VELEZ: Con ansiedad y también con frustración, porque son ellos los que plantean que se acaba la dispersión y a la vez son ellos los que lo están alargando. Grande-Marlaska incluso habla de política superada cuando no ha habido ni un traslado a Zaballa; solo a 250 kilómetros y unos pocos. También vemos que este gobierno parece tener una fecha de caducidad.

Urtzi ERRAZKIN: Se crean noticias muy ilusionantes, pero nuestra realidad acaba siendo que en un mes ha habido cuatro accidentes causados por la dispersión, una práctica que en palabras de Marlaska estaría superada. Tememos que la gente se lo crea, hay un riesgo de desactivación de la sociedad...

Por el resultado de las manifestaciones de enero, similares a años anteriores, no lo pareció...

U.E: Sí, fue satisfactorio. Vemos muy positivo que este problema se aprecia ya como algo que afecta a la convivencia en Euskal Herria, algo que es malo para toda la sociedad vasca, no solo para un sector concreto. Eso ha llevado por ejemplo a que todos los sindicatos se estén movilizando juntos contra esta política de excepción. Hace dos años, por ejemplo, era impensable, no nos lo hubiéramos imaginado. Son pasos importantes y hay que reconocerlos así.

¿Puede hacer Etxerat algo más por ahondar en ese camino para la convivencia? Hace un par de semanas hablaban de nuevos pasos...

P.V: No es algo que surja ahora de repente, llevamos un proceso que empezó en 2013 con una reflexión sobre el reconocimiento del sufrimiento. Hicimos unas aportaciones al Plan de Convivencia del Gobierno Vasco. Y decidimos que como Etxerat no nos íbamos a limitar a la denuncia y la asistencia, sino a trabajar por un proceso integral de resolución que lleve a la no-repetición. Eso a su vez nos condujo al Foro Social. Y de ahí han salido iniciativas como las sesiones con víctimas de diferente signo...

Fue novedoso que hubiera representación de Etxerat junto a víctimas de ETA en las jornadas del Ayuntamiento de Barcelona o en las de la Fundación Buesa en Gasteiz. ¿Por qué y para qué sirve?

P.V: Por parte de otras víctimas estamos escuchando otro discurso, que ciertamente no es nuevo pero sí tiene ahora otro eco mayor. Y es una gran aportación a la convivencia. En las jornadas de la Fundación Buesa escuché cómo veían una necesidad de cambio de la política penitenciaria pero a la vez nos reclamaban empatía, y a mí particularmente eso me chocó, me hizo ver más claro que nunca que hemos vivido en trincheras separadas y que tenemos que empezar a escucharnos. En los encuentros entre diferentes víctimas –por ejemplo el de Rosa Lluch con Ibon Garate– hemos visto que cada uno sale de su zona de confort y que efectivamente es interesante. Hay que avanzar.

Quizás haya familiares que digan: «¿Por qué nos tenemos que implicar en eso, si nosotros no hemos hecho nada, si somos víctimas sin haber elegido nuestra situación?»...

U.E: Hoy día la palabra víctima se utiliza normalmente para los familiares de las víctimas directas. Nosotros somos víctimas de lo aplicado a nuestros familiares, pero es que además lo estamos sufriendo en nuestra propia carne por el alejamiento. Así que en ningún caso el sufrimiento es algo ajeno a nosotros. Y si queremos llegar a una convivencia con el objetivo de dejar de sufrir, tendremos que juntarnos todos, hablar y llegar a ciertas soluciones. Todos. Y para eso nosotros también tenemos que dar pasos...

¿Puede tener eso un efecto desbloqueador? Porque es evidente el impacto que tienen asociaciones de víctimas sobre lo que hacen y no hacen Madrid y también París...

P.V: Todo lo que sea tender puentes y empezar a escucharnos tiene que servir para desbloquear. O, dicho de otro modo, seguir en las posiciones pasadas no nos va a permitir avanzar. Hay que abandonar trincheras, zonas de confort, y empezar a escucharnos entre todos; dar nuestros relatos y escuchar los de otros. Con ese relato poliédrico, ese relato de relatos, lograremos avanzar.

U.E: Esas asociaciones funcionan como lobbys muy fuertes y es verdad que durante un tiempo solo se les escuchaba a ellas, pero esto está cambiando, aparecen otras voces y eso nos da opción de juntarnos para lo que nos une, que en el fondo es dejar atrás todo esto.

P.V: Cuanta más gente esté dispuesta a tender puentes, mejor. Nosotras, aquí estamos.

Etxerat viene reivindicando reconocimiento para las 16 víctimas mortales de la dispersión. ¿Hay quien piensa que hasta que eso no ocurra tampoco habría que reconocer a otras víctimas?

U.E: Primero quiero decir que se están dando casos para reconocer a esas víctimas. En Iruñea con Sara Fernández, en Barañain con Karmele Solaguren, en Otxandio con Rubén Garate... Son pasos, aunque nos gustaría que ese reconocimiento viniera de instituciones superiores como el Gobierno Vasco... Hoy, los políticos generalmente ya no niegan que sean víctimas de la dispersión.

Sobre la pregunta concreta, no creemos en ello; ese sería el camino de la venganza y Etxerat nunca lo ha seguido. Porque otros no den sus pasos, nosotros no vamos a dejar de darlos. Queremos tener la conciencia tranquila. Por supuesto habrá alguna reticencia, pero la inmensa mayoría de los familiares entienden que hay que dar pasos.

P.V: Es cierto que puede haber familiares que piensen que aún no es el momento de hacer ciertas cosas y necesite su recorrido particular más lento, eso es lógico y humano, pero tenemos que avanzar.

U.E: El sufrimiento de cada uno es personal y diferente. En el caso de las víctimas de ETA, unos pueden querer la venganza, otros quedarse en casa... y yo lo puedo llegar a entender. Lo que no entiendo es que haya políticos que usen ese dolor para promover la venganza.

Una pregunta delicada; este compromiso que muestra Etxerat ¿está garantizado, está a salvo de cualquier «accidente»? Porque lo cierto es que cada fin de semana hay una ruleta rusa en las carreteras, el año pasado falleció otro preso vasco en la cárcel...

U.E: Ojalá no vuelva a pasar nunca, no queremos ni pensarlo. Si pasara, serían unos momentos muy, muy complicados, pero a la vez nos darían más razones para seguir adelante y acabar con esto cuanto antes. Este mismo mes hemos tenido cuatro accidentes más, que son cuatro razones añadidas más. Y en esos cuatro accidentes, que alguien acabe con un collarín en el cuello o que fallezca solamente es cuestión de suerte. Por eso, para nosotros cualquier golpe, aunque sea de chapa, es muy grave.

P.V: Y para todos, cada uno de esos accidentes debería ser una advertencia. No podemos permitirnos una desgracia más, sería terrible.

U.E: La sociedad está acostumbrada a funcionar así, parece que hace falta siempre que ocurra algo muy grave para tomar decisiones. ¿Por qué? Vamos a pararlo antes.

 

«No hay que soltarlos para morir, sino para que vivan»

Una parte importante, quizás la mayor, del trabajo de Etxerat es la asistencial. ¿En cuánto notan que se ha aliviado la situación de los familiares y en cuánto no con los acercamientos que se han producido?

P.V: Es muy difícil establecer un diagnóstico equilibrado. Por supuesto que para una familia es muy diferente viajar a Algeciras o a Burgos, a todos los niveles. Pero ocurre también que estos movimientos aleatorios crean unas expectativas y generan una ansiedad que hay que tener en cuenta: ¿a quién le va a tocar? ¿cuándo? ¿puedo celebrar que al mío sí y a otros no? Se crea una situación cruel. Y a nivel logístico también acarrea sus problemas; tienes que volver a organizarte... Cuando ellos hablan de movimientos de presos, se pierde la perspectiva de que quienes se mueven tras ellos son decenas de personas.

U.E: Desde Etxerat entendemos que el caso particular de las familias en que ha habido acercamiento ha mejorado, pero mirando la perspectiva global tenemos que decir también que el movimiento ha sido mínimo. Más del 60% de los presos siguen estando entre 600 y 1.100 kilómetros, ¿cómo vamos a hablar en positivo? Nos encantaría hacerlo, pero... Y luego, ¿por qué no a Zaballa, si hay sitio, si no hay excusa alguna para no hacerlo? Cuando hablan de que llevan a un preso a Burgos para la convivencia familiar, ¿por qué no a Zaballa, con ese mismo argumento, si es el destino que se ha solicitado?

En cuanto a los presos enfermos, enero ha sido un mes dramático: las muertes de Jesus Mari Maiezkurrena y Oier Gómez, que enfermaron en la cárcel, la suspensión de condena a Asier Aginako...

U.E: Hay que excarcelar a los 21 que están gravemente enfermos. Hay que dejar esta política de «soltarlos para morir», cualquier persona sabe que la cárcel no es un sitio para curar una enfermedad, sino un sitio en que esa enfermedad crece y a velocidades muy grandes. Hay que soltarlos para que vivan, para que se puedan curar. Y son las leyes que tiene el Estado español, por tanto solo queda que las cumplan.R.S.

NUEVOS PASOS


«Llevamos un proceso que empezó en 2013 con una reflexión sobre reconocer el sufrimiento. Decidimos que como Etxerat no nos íbamos a limitar a denuncia y asistencia»

REALIDAD


«Nos encantaría hablar en positivo, pero ¿cómo vamos a hacerlo si el 60% de los presos sigue estando a entre 600 y 1.100 kilómetros?»

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