De los Cobos fija en la actuación de los Mossos su objetivo y su obsesión
El coronel de la Guardia Civil responsable del operativo policial del 1 de octubre no se salió del guión marcado por sus superiores del Ministerio de Interior en declaraciones previas. Insistió en que no hubo cargas, sino actuaciones «proporcionales y profesionales» y puso en el punto de mira a los Mossos, cuyo dispositivo calificó de «estafa».

No resulta fácil buscar nuevos titulares tras maratonianas jornadas en las que, uno detrás de otro, altos cargos de Interior y de la Guardia Civil van relatando su versión de lo ocurrido en otoño de 2017 en Catalunya. La versión de su «realidad paralela», parafraseando al exsecretario de Estado de Seguridad José Antonio Nieto. El testimonio más interesante de la jornada de ayer era el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, principal responsable policial del operativo del 1-O. No se salió del guión marcado.
Igual que sus superiores, calificó de «insuficiente, inadecuado e ineficaz» el dispositivo de los Mossos durante el 1-O y, por contra, tildó de «proporcional» y «profesional» la actuación de la Guardia Civil y la Policía española, pese a que ayer, en otro procedimiento, la Audiencia de Barcelona reiteró «la violencia desmesurada» de algunas actuaciones policiales. Lo hizo en un auto en el que ordenó reabrir la causa por las cargas en la escuela Estel de Barcelona.
Sin embargo, De los Cobos no solo aseguró que «no hubo cargas», sino que añadió que no se golpeó a gente que iba a votar, sino que hubo «enfrentamientos con grupos organizados». Cabe recordar, en este punto que, por orden del juez Marchena, las defensas no pueden pedir el visionado de vídeos que pongan a los testimonios ante contradicciones. Algo que varios juristas han considerado que vulnera el derecho a la defensa y que hubiese sido bastante útil en los últimos días.
La obsesión de De los Cobos
Pero si algo destacó en la declaración de este guardia civil juzgado y absuelto en 1997 por torturar a Kepa Urra, fue su obsesión con cargar contra la actuación de los Mossos d’Esquadra y, en especial, contra el que era Mayor de la Policía catalana durante el otoño de 2017, Josep Lluís Trapero, acusado de sedición en la Audiencia Nacional. Consideró que el operativo que diseñó estaba «más encaminado a facilitar la celebración del referéndum ilegal que a impedirlo», calificó la actuación de los Mossos de «estafa», aseguró que no hicieron más que «poner palos en las ruedas» y denunció la «pasividad» con la que actuaron. De hecho, aseguró también tener constancia de que los Mossos avisaban a los votantes de la llegada de la Guardia Civil para que hiciesen «muros humanos».
Cabe apuntar, sin embargo, que aunque De los Cobos volvió a hablar de «violencia grave» por parte de los independentistas –también aseguró que utilizaron a «niños y ancianos» como escudos humanos–, el grueso de su declaración y, lo que es más importante, de las preguntas de la fiscal Consuelo Madrigal, se dedicaron a atacar el papel de los Mossos y a tratar de mostrar su papel en el marco de una estrategia consensuada con la Generalitat y las entidades independentistas.
De momento, por lo tanto, la violencia requerida para el delito de rebelión sigue siendo un handicap para las acusaciones. Hoy será un día clave en este sentido, pues tras De los Cobos –todavía tiene que responder a algunas defensas–, llegará el turno de la secretaria judicial que aseguró no poder salir de la conselleria de Economía el 20 de setiembre.
Millo, la «trampa del Fairy» y las disculpas por haber pedido perdón
Enric Millo, un exmilitante de Unió –la “U” de CiU– que antes de recalar en las filas del PP llamó a la puerta de ERC en busca de un lugar en listas electorales, era en otoño de 2017 el delegado del Gobierno español en Catalunya. De hecho, es el único alto cargo español que, hasta la fecha, ha pedido disculpas por los heridos del 1-O. Lo hizo el 9 de octubre, pero ayer solo le faltó pedir perdón por haber ofrecido aquella disculpa.
Millo, que a diferencia de la mayoria de los acusados consideró que la declaración de independencia «iba en serio» se adhirió al relato sobre la violencia independentista, asegurando haber visto «episodios de asedio, de violencia y de intimidación con el objetivo de impedir la actuación de la Policía judicial». Entre el 20 de setiembre y el 1 de octubre, de hecho, llegó a «contar más de cien acciones colectivas de asedio a diversas instituciones» y trató de criminalizar el papel de los CDR.
Pero a Millo le acostumbra a perder la locuacidad. Ayer no fue para menos y, una vez cogida la carrerilla, aseguró haber visto en las filas de la Policía «dedos rotos, alguna fractura de pierna, un chaleco antibalas rajado...». Millo también compartió con el mundo «la trampa del Fairy» que le explicó uno de los agentes supuestamente heridos: «verter detergente en la entrada del colegio, en el suelo, para que al entrar el agente cayera al suelo y allí le daban patadas en la cabeza».Un pequeño recordatorio, por si acaso: el 1-O no fue hospitalizado ni un solo policía.B.Z.

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