Tim Burton ha creado una versión más oscura del clásico de la animación Disney

En Disney consideran que la tecnología ha evolucionado ya lo suficiente para poder llevar todos sus clásicos de la animación a la imagen real, por eso tiene en preparación “Mulan”, “Maléfica 2”, “Cruella”, “La dama y el vagabundo”, “La Sirenita”, “Pinocho”, “El jorobado de Notre Dame” y “Peter Pan”. En el 2019 además de “Dumbo” quedan por estrenar “Aladdin” y “El rey león”. Toda esta maquinaria se puso en funcionamiento con “Alicia en el País de las Maravillas” (2010), dirigida por un Tim Burton que se ha convertido en el cineasta de confianza de la casa del tío Walt para este tipo de proyectos, repitiendo con “Dumbo”.
Si bien es cierto que la nueva versión se basa igualmente en el cuento de Helen Aberson y Harold Pearl, nace como un producto totalmente distinto que se desmarca del original de 1941, que ha marcado a tantas generaciones con su desarmante sencillez conceptual y estética. Ocho décadas después llega una película de producción mucho más costosa y compleja, a partir de un guion deliberadamente más oscuro y menos ingenuo, encargado al escritor de cine de terror Ehren Kruger.
Sabida es la admiración que Tim Burton siente por el maestro Tod Browning, por lo que no es de extrañar que se deje notar la influencia de “Freaks” (1932) a la hora de desarrollar una variada tipología de artistas circenses y fenómenos de feria, lo cual se traduce en un reparto coral que atiende más al factor humano que la película animada, donde se recurría a los animales parlantes. El pequeño elefante volador es ahora una creación de CGI, que no por ello ha perdido el encanto que desprende el entrañable paquidermo de las grandes orejas. Su bondad y la de la familia que lo cuida chocará con otros intereses del mundo del espectáculo, representados por el desalmado empresario interpretado, cómo no, por Michael Keaton.

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