2019/04/24

Ramón SOLA
Falso teatro, peor humor, poca política

La mayor novedad del segundo round llegó de la pulsión social, no de la iniciativa política; Rivera dio a entender que ahora sí permitirá regular la eutanasia, tras bloquearlo esta legislatura pasada.

Ha habido una novedad en los debates de esta campaña que es bien reveladora: los principales medios han puesto sistemas de verificación para definir si los candidatos decían la verdad en sus afirmaciones y datos o mentían como bellacos. Es lo que hay; el combate televisivo prevalece sobre las ideas y hasta sobre la verdad.

En el cuadrilátero de la privada Atresmedia se repitió anoche el esquema de anteayer en la TVE pública. Como teatro fue mejorable, especialmente por parte de un Albert Rivera (Cs) sobreactuado. Falsa como una moneda de chocolate fue su pose de indignación cuando Pedro Sánchez (PSOE) negó cualquier acuerdo con el independentismo catalán: «¡Es una tomadura de pelo! ¿Lo dice en serio?». No quiso quedarse atrás Pablo Casado (PP): «¿Y qué fue Pedralbes [donde Sánchez se reunió con Torra]? ¿Un picnic?».

En la farsa, Euskal Herria emergió de nuevo como escenario predilecto. Casado volvió a arrancar con Arnaldo Otegi: «Un experto en secuestros sabrá pedir rescate a cambio de sus votos», le soltó a Sánchez. «Usted es el candidato del terrorista Otegi», le copió Rivera. Casado le sacudió dos veces a Jesús Eguiguren, señalando que el PSOE había designado negociador a un condenado por violencia machista. Sacó la fotocopia, lo traía preparado.

El dúo derechista, necesitado, había preparado algunos gags pretendidamente humorísticos: Rivera regaló a Sánchez su propia tesis para celebrar el día de Sant Jordi y Casado le espetó que «cada vez que habla usted, suben el pan, el diesel y la luz». Pero ni Albert es Eugenio, ni Pablo Chiquito de la Calzada. Sonaron más auténticos en modo crispación.

Pablo Iglesias (Unidas Podemos) puso la pizca de épica con su «la gente cambia cosas, la Historia la escribes tú» del «minuto de oro». En el resto de la noche se le vio incómodo por la dificultad para discutir en serio y sobre realidades; acusó a Rivera de «maleducado» e «impertinente» por sus interrupciones. La izquierda tenía más interés en hablar de política que la derecha; Iglesias hizo propuestas con datos detallados sobre fiscalidad o educación y Sánchez echó el resto sobre las «11.000 agresiones sexuales al año» y terminó haciendo que Casado tildara a «La Manada» de «criminales infectos».

El candidato a la reelección fue algo más explícito esta vez ante la pregunta de si gobernará con Ciudadanos: «No está en mis planes pactar con quien ha planteado un cordón sanitario al PSOE», dijo. Pero lo que no está en los planes este 23 puede estarlo el 28 a la noche, cuando el escrutinio fije la aritmética posible. Cuando el teatro acabe y vuelva la realidad.