Carlos GIL
Analista cultural

La farsa, los farsantes y sus locos agentes

Hace muchos años en los que los géneros teatrales forman parte de una educación reglada estancada en los preceptos de la modernidad instaurada en los pergaminos. Fue un avispado editor alemán que ante la propuesta de un crítico que le proponía un recuento e los cambios en los escenarios en los años ochenta del siglo pasado le puso el nombre de teatro posdramático y a partir de ahí ha triunfado el nombre, aunque sin contenido, aunque nadie sabe exactamente definir lo que significa.

Ni se han leído el libro que no es propositivo, sino que relata lo existente y lo estabula en cuadros sinópticos sin que se pueda a partir de ellos establecer una teoría.

Por eso si hoy digo farsa, esperpento, sainete, cada cual puede entender lo que le parezca. Lo mismo que ahora se está estableciendo la idea fuerza de que la zarzuela, así sin matizar, es algo muy actual. O que Lope y Calderón fueron unos adelantados de su tiempo, cuando eran ya entonces la reacción, la contrarreforma. Farsa es lo que hacen los farsantes y además ahora tenemos agentes propagandísticos dedicados a reconstruir un pasado sin ninguna pátina crítica. Se insiste en lo de que el fondo es la forma. Y viceversa. Y ahí debemos ponernos engolados para decir que obvio. Pero depende.