2019/07/12

El juego del escondite y el dolor de la pérdida
Mikel INSAUSTI
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Mucha atención a la ópera prima de la cineasta catalana Laura Jou, una experimentada directora de reparto que ha trabajado con Iñárritu, Villaronga o Bayona. Se ha especializado como coach de actores y actrices noveles, especialmente de menores de edad, tarea que entraña una mayor dificultad. Dicha experiencia le ha valido para debutar con “La vida sense la Sara Amat” (2019) dirigiendo a preadolescentes, y extrayendo de la pareja estelar que forman María Morera y Biel Rossell unas actuaciones llenas de soltura y naturalidad.

No es de extrañar que en el BCN Film Festival se hiciera con el Premio del Público y el de la Crítica de la ACCEC, para después recibir en el Costa Dourada de nuevo el del Público y el de Mejor Fotografía para Gris Jordana. De entrada ya tenía parte del terreno ganado por tratarse de una sensible adaptación de la novela homónima de Pep Puig, ganadora del premio Sant Jordi en el 2015. Sin dejar de lado su tono autobiográfico, Laura Jou hace suyo el texto original elevando un poco la edad de los dos protagonistas, lo suficiente para reflejar la crítica transición entre el final de la infancia y la entrada en la edad adulta.

Para Pep, que veranea a principios de los años 80 en el pueblo de sus abuelos perdido en el interior de Catalunya, todo empieza como un simple juego del escondite pero acaba como un aprendizaje de las consecuencias que acarrea el sentimiento de pérdida en un proceso de maduración estacional.

Sara, de la que está enamorado en secreto y a la que todos buscan, ha decidido desaparecer del mapa. Se ha refugiado en secreto en la habitación de su amigo Pep, y este deberá cubrirle ante los demás, incluidos sus familiares.

Pese a lo dramático de la situación, el relato introduce toques de humor costumbrista con la entrañable abuela de Pep.