Adriana LÓPEZ
IRUÑEA

Tahúres Zurdos vuelve para recaudar fondos para el síndrome de Dravet

Tahúres Zurdos vuelve a los escenarios. Después de 17 años de viaje musical, el grupo dijo adiós en 2004 tras una carrera que se saldó con ocho discos (más un doble directo) repletos de canciones muy personales marcadas por la sensibilidad y fortaleza de Aurora Beltrán. “El chico de la mirada asustadiza”, “Muerte ven”, “Nieve negra” o “Chicas fuertes” son algunas de estas canciones. Lolo Beltrán, Juanma Ugarte y Javier Lizarazu “Puntxes” la acompañaban con guitarra y voz. Entre todos, consiguieron crear una banda con un sonido muy particular que hizo de los conciertos en directo su forma de vida.

Ahora, Tahúres Zurdos se reúne de nuevo. El sábado 17 de agosto volverá a regalar al público su amplio repertorio en un concierto que tendrá lugar en Zentral de Iruñea. Actuará junto a Leña al mono y lo hará por una causa benéfica: recaudar fondos para ayudar a la Fundación Síndrome de Dravet.

El síndrome de Dravet, también conocido como Epilepsia Mioclónica Severa de la Infancia, es una enfermedad de origen genético que se presenta entre los 4 y 12 meses de vida. Se caracteriza por convulsiones de duración prolongada tanto en un contexto febril como en ocasiones en ausencia de fiebre, así como por trastornos en el comportamiento y espectro autista, retraso en el desarrollo, problemas de lenguaje y habla o infecciones crónicas. Es una enfermedad poco común, de modo que el número de personas diagnosticadas es muy reducido. Afecta aproximadamente a uno de cada 16.000 nacimientos.

A nivel estatal se estima que hay unas 400 personas que padecen esta enfermedad. Entre ellas se encuentra Adriana Goñi, de 9 años y vecina de Noain. Adriana sufrió su primera convulsión cuando tenía cuatro meses. Duró cerca de 30 minutos. Desde entonces, ella y su familia viven inmersas en una lucha constante por seguir adelante y por alzar la voz para que la enfermedad pueda tener mayor difusión y se le pueda encontrar cura: «Es una enfermedad curable. El primer diagnóstico fue en 2003, por lo que es muy reciente y se sabe muy poco de ella. Por eso, el conocimiento y la difusión son muy importantes, también para ayudar a diagnosticar nuevos casos. A día de hoy, hay bastantes grupos investigando esta enfermedad e intentando buscarle cura», afirma Ainhoa Pariente, madre de Adriana.