2019/08/14

Luismi Uharte
Profesor de la UPV
Reflexiones tras la abstención de EH Bildu
El escenario que se perfila para esta legislatura y las siguientes es un modelo vascongado más perfeccionado

El proceso que ha culminado con la aceptación de EH Bildu (vía abstención) de la investidura del PSN requiere plantear una serie de reflexiones que no han tenido presencia ni en los discursos oficiales ni en los medios de comunicación de la izquierda independentista. Cómo se ha gestionado el capital electoral, cómo se ha justificado la abstención y cómo se han omitido los posibles costes estratégicos, son tres aspectos que exigen un debate más profundo.

La gestión del capital electoral. Los excelentes resultados municipales de EH Bildu le otorgaron una fuerza más que suficiente para tomar la iniciativa y proponer expresamente un marco de negociación global en el que se vinculase el futuro de los ayuntamientos (sobre todo el de Iruñea) con el del Gobierno de Navarra.

Sorprendentemente, en vez de establecer esa condición desde el principio, mostrando firmeza pero también disposición a la negociación, se optó por interpelar al PSN pero sin advertirle de los costes. El reparto de importantes alcaldías entre Navarra Suma y PSN, en vez de suponer el lógico fin de la partida, fue respondido con indignación pero también con una resignación que proyectó una evidente debilidad, aprovechada por el resto de actores políticos.

La gestión de la exclusión política durante la negociación es también peculiar, ya que en vez de fijar como regla el fin del apartheid para que el juego de la negociación pudiera tener éxito, de facto se aceptó resignadamente. Es obvio que era muy difícil un no al PSN si este hubiera querido negociar, de la misma manera que era muy sencillo un no por su negativa a querer sentarse.

Todo esto posibilitó que el PSN excluyera, sin costes, a EH Bildu y algo peor, que sus antiguos aliados se sintieran cada vez menos presionados. Del «no se puede plantear una negociación sin contar con EH Bildu», de Unai Hualde (PNV navarro) en junio, al «EH Bildu tendrá que ser generoso», de Andoni Ortuzar, un mes después. El acorralamiento ya estaba consumado.

La consulta a las bases. Dejar en manos de la base social la decisión es un ejercicio de democratización, pero no hay que olvidar que en todo proceso participativo, la deliberación es fundamental, es decir, la creación de un espacio de debate donde los diversos argumentos y posturas puedan contrastarse.

En este caso, la deliberación se produjo en las asambleas de militantes pero no en los medios de comunicación oficiales, ya que en estos la postura abstencionista fue la única que tuvo eco a través de voces y plumas reconocidas. Teniendo en cuenta que una gran parte de la gente que votó se alimenta políticamente a través de dichos medios y no participó en las asambleas, el desequilibrio es manifiesto. Es muy bueno consultar, pero si no hay deliberación proporcionada, la consulta queda desvirtuada.

También es significativo la construcción del relato por parte del abstencionismo a partir de una premisa muy patriarcal: nuestro argumento es racional frente al emocional del No. Cualquier argumento combina aspectos racionales y emocionales, por lo que resulta una trampa este relato. Además, ¿no es acaso tan o más emocional apelar a una emoción primaria como el miedo, asustando a la base social con el argumento de que «nos acusarán del regreso de la derecha»?

Las consecuencias de la abstención. El argumento más sólido del abstencionismo es cerrarle la puerta cuatro años más a la derecha españolista. Sin embargo, la función post-electoral de un partido no puede ser actuar de comodín para que no gobierne la derecha, si esto supone tu desplazamiento al córner.

De hecho, la principal consecuencia de la abstención y el principal argumento del No es la conformación de un modelo similar al «made in Euzkadi», en el que PNV y Partido Socialista ocupan la centralidad del tablero político. Un modelo que puede eternizarse por la habilidad de estos en aplicar programas que generan gran consenso social. Si llevan gobernando muchos años en la CAV no es por casualidad.

El escenario que se perfila para esta legislatura y las siguientes es un modelo vascongado más perfeccionado: la existencia en Navarra de una derecha fuerte dará más legitimidad al tándem Geroa Bai-PSN, siendo aquella la antagonista del gobierno, no EH Bildu como en la CAV; la participación de la izquierda española (Podemos e IU) en el bloque de poder, deja sola en la oposición a EH Bildu, algo que no sucede en la CAV, donde operan conjuntamente en un buen número de temas.

En este contexto, pretender convencer a las bases que desde la oposición se va a «condicionar» al nuevo gobierno es una fantasía que puede generar mucha frustración. El nuevo gobierno va a implementar un programa de corte moderado, no muy diferente a la anterior legislatura, por lo que EH Bildu va a sufrir una presión cotidiana para apoyar leyes de corte social, si no quiere ser acusado de votar con la derecha. Además, al fin de la legislatura, si todo transcurre por los cauces normales, el rédito político será para aquellos que gobiernan. En el nuevo régimen, se demostrará que la coalición independentista ya no es necesaria en el bloque de poder, al igual que en la CAV, excepto para apoyar puntualmente y desde fuera, políticas sociales.

El laboratorio político más estimulante a nivel de herrialde en Euskal Herria se clausura momentáneamente. Arnaldo Otegi propuso impulsar el modelo navarro en la CAV, e irónicamente será una variante del modelo «made in Euzkadi» el que se replique en Nafarroa. Quizás, el azar político (una variable siempre presente), el error de algún partido, o decisiones al sur del Ebro, vuelvan a repartir cartas para una nueva partida.