2019/09/06

EDITORIALA
Una iniciativa para acotar un proyecto peligroso

Se han encontrado microplásticos hasta en los glaciares de Groenlandia, lo que da una idea de la magnitud que han alcanzado los residuos en las actuales sociedades industriales. La necesidad de tratarlos ha llevado de venderlos en el exterior a intentar gestionarlos en el lugar de origen, unas veces porque los países que los compraban han prohibido su importación, como India o China; otras, porque se ha denegado la exportación al no tener garantía sobre el tratamiento, como en el caso de Australia. En cualquier caso, la gestión no siempre se ha guiado por criterios sostenibles.

Ejemplo de ello es Gipuzkoa. A pesar de las movilizaciones y las alternativas prácticas planteadas por los movimientos sociales que apostaban por una gestión económica, saludable y limpia de los residuos, no se logró modificar la postura de PNV y PSE y detener la incineradora de Zubieta. Ambos partidos continúan empeñados en un proyecto peligroso en una zona densamente poblada. El barniz verde e inocuo con el que pintan la incineradora se contradice con los problemas detectados alrededor de otras plantas similares. Además, su peligrosidad es sistemáticamente minusvalorada por la administración que anuncia unas mediciones de emisiones que no serán continuas y, por tanto, que no garantizan un seguimiento exhaustivo de los elementos nocivos. En este contexto, la asociación Zubieta Lantzen ha dado un nuevo paso práctico al contratar a una fundación internacional, ToxicoWatch, y a una empresa acreditada por el Gobierno Vasco para que tomen muestras y analicen la existencia de toxinas y su variación en Zubieta y en sus inmediaciones.

Una iniciativa popular, transparente y práctica que se contrapone al desdén y la falta de claridad de la administración pública. Un proyecto que permitirá conocer con mucho más detalle la dimensión de las emisiones y su influencia en los alrededores de la incineradora. Una iniciativa para avanzar hacia el cierre de un proyecto peligroso.