El Bellas Artes de Bilbo redescubre la personal obra de Isabel Baquedano
El Museo de Bellas Artes de Bilbo dedica a partir del miércoles una gran exposición retrospectiva a la artista navarra Isabel Baquedano, que rescata del olvido la personalísima e inclasificable obra de una de las pintoras vascas más fecundas de la segunda mitad del siglo XX. Quienes la conocieron la definen como una creadora con un talento innato, aunque obsesionada con la perfección. «La vida y la pintura eran inseparables», afirma su amigo Ángel Bados.

Isabel Baquedano (Mendavia, 1929-Madrid, 2018) disfrutó de un temprano reconocimiento profesional en su primera época artística, en la década de los años 60, cuando tuvo gran actividad pictórica y expositiva, pero, voluntariamente, redujo su exposición pública en los años 80 y desde entonces vivió distanciada de los circuitos artísticos aunque prosiguió pintando y haciendo obras prácticamente hasta el mismo momento de su muerte.
En sus 58 años de trayectoria artística, Baquedano ha dejado una ingente y «abrumadora» producción artística de la que, en Bilbo, se muestra una escogida selección de 200 pinturas, dibujos y documentos personales de la artista, realizada por su gran amigo y comisario de la muestra, el escultor Ángel Bados. Su muerte a los 89 años convirtió la que, en principio, iba a ser una pequeña exposición dedicada a redescubrir su obra, en una gran exposición retrospectiva, la primera que se dedica en El Estado español a esta pintora, según explicó ayer en su presentación el director del Bellas Artes de Bilbo, Miguel Zugaza, quien venció la renuencia de la artista a volver al escaparate público «pese a que, en el fondo, lo deseaba», apuntó Bados.
El comisario de la muestra, en cooperación con la conservadora del museo bilbaino, Miriam Alzuri, destacó como rasgo fundamental de la artista navarra su «facilidad y destreza» para la representación natural, como se demuestra en sus pinturas, y, a la vez, su capacidad para «torpedearla permanentemente». «Era muy exigente y nunca estaba satisfecha con el cuadro que estaba pintando porque se situaba permanentemente en los límites de la representación», explicó. Esa insatisfacción con el resultado de sus obras hizo que las piezas de sus últimos años, de carácter eminentemente religioso, con representaciones de María Magdalena, la última cena, la Virgen María o la crucifixión, entre otras, estén inacabadas o llenas de borrones.
«Borra la representación con un talento absoluto –admira Bados–, para que lo que está más allá de la representación, de lo conocido, y que no alcanza a representarlo, pueda aparecer en la obra».
Bados resaltó también la «extrema tensión» con la que pintaba Baquedano, en quien «la vida y la pintura eran inseparables», idea en la que ha coincidido la conservadora del Bellas Artes, Miriam Alzuri, quien ha agregado que «eso se nota en su producción de autorretratos».
Alzuri explicó, por su parte, que la antológica de la obra de Baquedano pretende reivindicar la figura de esta pintora formada y surgida «en una época, como era el franquismo, en que había pocas mujeres dedicadas profesionalmente al arte».
La conservadora del Bellas Artes, cuyo departamento ha restaurado muchas de las piezas que se exhiben en la muestra, procedentes del taller de la artista y de colecciones particulares, ha destacado que la obra de Baquedano es «de una técnica depurada, sin accesorios ni concesiones a lo superfluo».
Bados ha insistido en que «ella era muy buena técnicamente y lo sabía, aunque no alardeaba de ello».
Miriam Alzuri concluyó afirmando que Isabel Baquedano fue una mujer y una artista «radicalmente libre», sin concesiones a las modas pictóricas de la época, aunque sí se dejó influenciar por corrientes artística como la abstracción y el pop art procedente de Estados Unidos y Gran Bretaña, influencia que se observa en sus obras de los años 80 y de la primera década del siglo XXI.
Tras su exhibición en Bilbo hasta el 26 de enero próximo, la muestra viajará a Iruñea, donde se expondrá en el Museo de Navarra y el Museo de la Universidad de Navarra.
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