2019/11/08

Alvaro Reizabal
Abogado
¿Dispersar por venganza?
Las sinrazones depolíticapenitenciaria que en su día se alegaron para intentar justificarla han desaparecido, pero lo que ya es incomprensible, es que se siga dispersando a otros nuevos, si no es por castigo añadido.

Cuando el cuñado del Borbón tuvo que ingresar en prisión para cumplir, se repitió hasta la nausea que si un preso se presenta en una cárcel voluntariamente, cumple su condena en esa prisión. Se presentó el asunto como un derecho de todo condenado, y así se justificaba algo tan estrambótico como que esté cumpliendo en una cárcel para mujeres, con excusas tan peculiares como que no se viera a su real esposa al salir del coche en el aparcamiento o la de no estar con otros presos, pretexto este último que después le ha valido para tener permisos de salida dos veces por semana, por lo terrible que le resultaba aguantar la soledad elegida por él mismo.

Arantza Zulueta y Jon Enparantza se presentaron el 30 de setiembre en Zaballa para acabar de cumplir los pocos meses de condena que les quedaban. En principio eran 5, pero susceptibles de verse reducidos con alto grado de probabilidad, pues aún hay que descontar los días que estuvieron yendo a firmar estando en libertad provisional o los que corresponden por la entrega del pasaporte. O sea que en cuestión de muy poco tiempo habrán cumplido, y aplicando el esquema que se nos explicó en el caso Urdangarín deberían haber terminado de hacerlo en Zaballa, que es donde ingresaron de motu propio.

Pero hete aquí que Instituciones Penitenciarias ha decidido trasladar a Arantza a Valencia, a 600 kms de su domicilio en contra de lo acordado por el Pleno de Bilbo, PSOE incluido. Y a Jon a Estremera, casi en Cuenca, a más de 500. En el caso de este, además, se da la circunstancia de que es padre de 4 hijos, con lo que se vulneran todos los principios sobre vinculación familiar y de evitar el desarraigo social.

A estas alturas nadie es capaz de defender la necesidad de la dispersión para los que ya están alejados, pues las sinrazones de política penitenciaria que en su día se alegaron para intentar justificarla han desaparecido, pero lo que ya es incomprensible, es que se siga dispersando a otros nuevos, si no es por razones de venganza y castigo añadido.